Texto Realizado por: Ulises Ariel González Guerrero.
Hace ya mucho tiempo, Eric Vöegelin, politólogo alemán de mediados del siglo XX, le dijo a uno de sus alumnos, el cual se sorprendía por la seducción de Hitler “Entre los derechos del hombre, querido señor, no figura el derecho a ser un imbécil. Usted no tiene el derecho a ser un idiota”. Aquel profesor tenía razón. En México se presenta un fenómeno que podría ser analizado desde la frase de Vöegelin; el fenómeno: ¡Las clases privilegiadas salen a protestar!

Las clases altas al reaccionar en las calles pareciera que demandan el “derecho de ser unos completos imbéciles”, basta con escuchar la sarta de ataques y pancartas centelleando cada vez que invaden el purgatorio (hago referencia de manera contrapuesta a Marx que ilustro a los proletarios de la Comuna de París en la famosa expresión “asaltaron el cielo”). No se explica de otra manera el cómo un grupúsculo de personas (la mayoría de las clases privilegiadas) sale a exigir la renuncia de un presidente que por primera vez en la historia encarna la legitimidad en su expresión más pura.
Las marchas de las clases altas buscan ser mediante un mensaje meramente falso, el símbolo de la libertad. Lejos de eso, son la punta de lanza del clasismo mexicano. Demostrando su “derecho a ser unos completos imbéciles” la pigmentocracia que asalta las calles irradia un miedo a perder su particularidad de clase. No es de sorprenderse que toman como suyo el valor patriótico de mexicanos e hipócritamente piden no más a una división que los ha evidenciado claramente: el extracto privilegiado contra la masa media y el proletario moderno, la dicotomía coloquial: chairos contra fifís.
Gramsci, teórico marxista de origen italiano, en un pequeño apartado de su “Materialismo histórico” expone como sujetos “antihistóricos” a los retrógrados, conservadores y positivistas que han opuesto resistencia a una irrupción histórica de las masas, es la antítesis de la historia. Sí bien, el gobierno de la cuarta transformación no es un reflejo de irrupción de las masas en el poder, si refleja una voluntad democrática por tener un gobierno de bases populares. El clasismo en las aceras representa la antihistoria contra la voluntad del electorado.
Ahora, ¿Debemos soportar este “derecho a la imbecilidad”? o ¿Habría que suprimirla con la legitimidad del monopolio de la violencia?, el presidente fue claro y llamó a la tolerancia. Pero surge aquí una cuestión que planteó Karl Popper, denominada “la paradoja de la tolerancia” la cual se cuestiona la siguiente pregunta ¿Debemos tolerar la intolerancia?, vale decir, la tolerancia ilimitada puede llevar a la destrucción de la propia tolerancia, paradójico, pero defender la tolerancia exige no tolerar la intolerancia; así regresamos a las palabras de Eric Vöegelin “Entre los derechos del hombre, querido señor, no figura el derecho a ser un imbécil. Usted no tiene el derecho a ser un idiota”. Tolerar las marchas que en su nucleó son un llamado al sentimiento de superioridad de clase y me atreveré a decir hasta de racismo-pigmentocratico, es permanecer mudos y apolíticos a lo intolerable.
Carl Schmitt, politólogo alemán conocido por su teoría del poder y excepción, establecía en su libro “El concepto de lo político” que para la existencia de la política, para su realización concreta, la neutralidad era el obstáculo a vencer, pensaba él que el campo se tenía que dividir entre amigos y enemigos. Tajante dice “La neutralidad desaparecería cualquier política”; esta en lo correcto, el debate entre dos posturas alimenta el juego democrático, pero sí se permanece tolerante y neutral, el gobierno que lleva adelante la transformación podría perecer por el golpeteo extrínseco y la inmovilidad intrínseca, favoreciendo el arribismo de una oposición con ímpetu destructiva y poco fructuosa.
Está oposición no debe ser tomada a la ligera, podrán ser imbéciles y pedir para sí ese derecho, pero no quiere decir que sus objetivos sen bagatelas sin sentido. Uno de sus más perversos propósitos es la “pauperización” de la “substancia” ideológica de lo que se ha construido en el discurso como cuarta transformación. Es su leitmotiv, abocándose sin descanso. Tomemos en cuenta como desde la cúspide de la comentocracia, la intelectual fosforescente de Denise Dresser enmaraña la “substancia” del discurso de la cuarta transformación y reduce al simplismo de “4T”; no siendo un hecho exagerado, el lenguaje en política es medular y más en situaciones donde los cambios se producen de manera progresiva.
Ludwing Wittgenstein, uno de los filósofos más afamados del lenguaje y la lógica, tenía razón al decir “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”, la óptica racional de Wittgenstein aplica un entendimiento en este sentido. Reducir el lenguaje es reducir la universalidad o en el mejor de los casos el lenguaje se aisla en una mazmorra, así la palabra “4T” es una limitación de la realidad del formato ideológico del discurso que el nuevo gobierno quiere emprender. Al caer en la trampa reduccionista de la comentocracia, el desván ideológico de la oposición triunfará. Ese desván ideológico tan complejo de la oposición se articula en una apropiación de las tradiciones (el análisis de Slavoj Žižek en su libro “La nueva lucha de clases” es de suma ayuda) de forma arbitraria toma como suyo el sentido de nación creando un “apartheid” supraclasista en el cual no hay más “verdad” alineada por ellos, en términos gramscianos “hegemonía” de un grupo sobre otro.
El desván ideológico de la oposición es elástico de forma pero con contenido de hierro, mientras hablan de “libertad” oprimen a sus empleados (cabe recalcar que la oposición en estos momentos concentra una mayoría pudiente) en todo lo referente a mejoras laborales; cuando hablan de “progreso” son los primeros en contra de que se creen nuevas formas de prosperidad para los más desfavorecidos; cuando hablan de “no a la polarización social” son los primeros que con palabras y hechos despectivos tratan de marcar una línea entre “ellos” y “nosotros”, osease “pueblo” y “clase poseedora”. En palabras de Žižek “Codifican una guerra cultural con un mensaje de clase opuesto”.
En su artículo para Sin embargo (portal electrónico especializado en temas políticos) Jorge Zepeda Patterson, desenmascara está cuestión al escribir “Cuando veo la intensidad con que se repudia en algunos círculos a López Obrador, la vehemencia biliosa que provocan los dislates y defectos del presidente, las redes de odio que se han construido en su contra, me pregunto ¿qué hay en el fondo de esta reacción? ¿por qué antes no se encontraba el aire irrespirable? Supongo que tampoco les gustaba la corrupción, el saqueo, la pasividad ante la inseguridad galopante o la frivolidad del gobierno, pero más allá del chiste inocuo por las torpezas verbales de Peña Nieto, no parecía provocar urticaria, como ahora, lo que hacía y decía el presidente”; logra dar al clavo, el mensaje de clase opuesto se orquesta en esa vehemencia biliosa, atacando lo defendido en el pasado, desde su ideología cambian la irrealidad de su intriga y la devuelven como una realidad padeciente, una demanda con supuestos grados legítimos.
Lo importante es como revertir ese desván ideológico, derrumbarlo en el terreno del debate. No basta con tener una consciencia crítica sin a la vez debemos de formar una ideología fundamentada sobre la realidad como lo expone Alain Badiou “desear obligatoriamente la división” entre su mentira operativa y nuestra práctica por la transformación. Pues la disputa se tiene que elevar y proseguir, nunca saliéndose de los rieles de la política: el ajedrez humano donde se miden consecuencias y se perfilan jugadas para dar jaque mate al rey.
Bibliografía
- Gramsci, Antonio, 1984, “El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce”, Buenos Aires: nueva visión Pág. 16, 48
- Delsol, Chantal, 2016, “Populismos una defensa de lo indefendible”, Madrid: Ariel. Pág. 97.
- Schmitt, Carl, 1987, “El concepto de lo político”, Madrid: alianza editorial. Pág. 64.
- Žižek, Slavoj, 2016, “La nueva lucha de clases”, Barcelona: anagrama. Pág. 69.
- Artículos electrónicos
- Sobre la “paradoja de la tolerancia” de Karl Popper véase https://www.filco.es/debemos-tolerar-la-intolerancia-la-paradoja-de-popper/
- Zepeda, Jorge, 2019, “Mesura”, Sin embargo, 5 de mayo, https://www.sinembargo.mx/05-05-2019/3576140
- Sobre la cuestión de la filosofia del lenguaje de Emil Wittgenstein véase
- Žižek, Slavoj, 2010, “Mao sobre la práctica y la contradicción”, Madrid: Akal. Pág. 14, 15, 26.