Siempre lo he dicho y ahora lo afirmó con mayor razón.
Uno siempre desafía a sus padres, y con razón, son ellos quiénes creemos que nos impiden crecer, ser libres, hacer lo que nos plazca, y siempre les escuchamos la frase trillada de tu no lo entiendes porque no eres padre, hoy más que nunca esa frase me cobra el más amplio sentido una vez convertido en padre.
Hago esta reflexión desde mi perspectiva, sé que no para todos es de esta forma, pero en lo personal para mí así lo fue, mis padres son mi más grande ejemplo, los considero mis primeros maestros, ellos me dieron mis primeras lecciones de vida, en el respeto, la tolerancia, la honestidad, el cariño, pusieron en mi todo su empeño y es por eso que ahora me propongo realizar esta reflexión, de la que espero muchos se puedan sentir identificados.
Mi padre un hombre trabajador y honrado, de no muchas palabras, pero de mucha sabiduría, me enseñó el respeto hacia los demás, el buen trato, la responsabilidad y la honestidad, valores que me acompañan día con día, y sé que se encuentran perfectamente cimentados en la enseñanza que él me otorgó desde los primeros momentos que generaba conciencia de mi propio ser.
Mi madre, una mujer incansable, de sonrisa tierna y agradable y a la vez de un carácter recio y feroz, me enseñó el cariño, me demostró el camino de la verdad y de la rectitud, y me acompañó siempre de la mano en la búsqueda de lo que era lo mejor para mí, al igual que mi padre, estuvieron a mi lado desde siempre, formando una fuerza sinérgica que me invitaba a ser una mejor versión de mi día a día.
Así pues, hoy tengo mucho que agradecerles, y estoy seguro que muchos otros también tendrán que agradecerles, ya que ellos sin ninguna especie de preparación, de conocimiento se aventuraron en la travesía de ser padres, de ser los primeros y los mejores maestros que cualquiera de nosotros pudiera llegar a desear, porque, a pesar de lo duró que en ocasiones pudieron llegar a ser eso nos motivo y nos impulso a seguir adelante, a no rendirnos ante los retos que se nos ponen por delante, a seguir luchando y jamás bajar los brazos.
Es por eso que en este día quiero reflexionar si no son ellos los que verdaderamente se merecen el reconocimiento a los maestros, a esos seres que nos enseñan lo más importante en esta vida, y que además, nos dan las primeras herramientas para poder proseguir un camino duró, áspero, con muchas idas y venidas, ellos quiénes realmente nunca dudaron en realizar un sacrificio para que nosotros estuviéramos bien.
Esos sacrificios que con el tiempo dan frutos, y que hoy puedo decir que aprendí las lecciones más valiosas de mi vida y no fue en la escuela en la clase de matemáticas o español, sino, en casa con mis padres, con ellos aprendí a no rendirme, sin importar que tan largo o pesado fuera el camino, por el contrario, a mirarlo como una prueba más que hay que superar para poder obtener eso que te hará ser alguien en este mundo.
Hoy con mis hijos intento transmitir estás mismas enseñanzas, claro, siempre en compañía de mi contraparte, porque como siempre dicen, la unión hace la fuerza, y con mis padres así fue, viéndolos siempre unidos, logré ver esa fortaleza, esos lazos que prácticamente nada es capaz de romperlos.
Conste que con esto no demérito la labor de la enseñanza de todos esos grandes maestros, que con la misma pasión y ternura que nuestros padres, emprenden la misión de guiarnos por los caminos bondadosos, y alejarnos de todas las desventuras, solo quiero poner un acento diferente, hoy en este día que de conmemora más que al personaje, a la institución enseñanza, esa parte de la vida necesaria para todos, y que se conforma de una serie de factores que de faltar alguno de ellos se pierde gran parte de la misma.
Nota al pie. Cómo siempre agradezco a los lectores que acompañan la lectura hasta el final, y les reitero como siempre, que lo que escribo lo hago con mucho respeto, expresando mis vivencias, se que en ocasiones son compartidos en otras no del todo, pero siempre en la búsqueda de generar una conexión con todos y cada uno de ustedes.
Gracias.