La pasión ese sentimiento tan extraño y a la vez maravilloso, sentimiento que nunca viene solo, siempre tiene a su fiel acompañante y lacayo, el deseo, este es la primer sensación que tenemos de la pasión, el primer esbozo del sentimiento más grande que podemos llegar a experimentar en nuestra limitada y carente existencia.
El deseo nace de la pasión, y se termina transformando en ella, su relación es más intima de lo que pudiéramos llegar a imaginar, ya que su existencia es cíclica e infinita, poniéndolo en términos el deseo es la pasión en potencia, mientras que la pasión es en potencia el deseo, pero, una vez llegada la pasión está desborda por completo los límites tales como los conocemos.

Una vez adquirido el deseo de adentrará en nosotros, nos hará infelices mientras no obtengamos el objeto del deseo, ese objeto de nuestra pasión, esa pasión que nos motivará y no cesará de atormentarnos hasta cumplir su objetivo, la culminación de su misión, la consecución de ese algo o alguien que nos mantenía sin aliento hasta que podemos estar cerca de ello, tenerlo entre nosotros y ahora si poder dar rienda suelta a que la pasión se desate.
Una vez desatada la pasión no habrá razonamiento que la detenga, ninguna palabra sonará más fuerte que su voz insaciable por cumplir su cometido, los argumentos sobrarán, el intelecto quedará relegado a la última opción y en esos momentos los límites desaparecerán, todo será posible por esos breves instantes, incluso las leyes naturales parecerán de papel, podremos jugar con el tiempo y con el espacio, porque cuando sublevamos el razonamiento a la pasión somos capaces de llegar a un lugar mucho más allá de toda la comprensión racional, todo desaparece y reaparece ante nuestros ojos un mundo distinto, donde nada importa, donde las leyes y las normas no existen, y solo estamos nosotros siendo nosotros mismos, reconociendonos como tales, sin máscaras, sin hipocresía, sin mentiras, valientes son los héroes que saben dejarse llevar por la pasión, ese sentimiento ilimitado y único, capaz de trasladarnos a otros planos, a otras diligencias, más allá de la comprensión racional de este planeta.
Por eso no queda más que concluir que no hay que temer a la pasión, sino que, hay que entregarnos a ella, puesto que, ella nos revelará todo eso que la razón nos esconde por todos los temores de los que es víctima, por su gran sabiduría del juicio teme también ser juzgada.
