Lo políticamente correcto en la era del insulto digital.

En nuestros tiempos las herramientas tecnológicas nos han acercado al mundo global, pero también nos han alejado de lo primordialmente humano, estamos sufriendo un proceso de deshumanización, mismo que ha estallado a últimas fechas, cada vez resulta más sencillo que la gente se deje llevar por su viseralidad, no hay ninguna especie de mediación racional en su argumentación, misma que deriva en una violencia argumentativa.

Para solidificar el análisis primero hay que definir qué significa argumentar, tomaremos entonces la definición de un maestro en la materia, esto es lo que nos dice el investigador Carlos Pereda acerca de la argumentación.

«ARGUMENTAR consiste en ofrecer una serie de creencias para apo-
yar a otra creencia que plantea ciertas perplejidades, conflictos
o, en general, problemas. Por eso, para llevar a cabo esta labor,
una persona que argumenta no expresa simplemente lo que cree;
expresa lo que cree y lo respalda con otras creencias: quien argu-
menta busca producir convencimiento, en el sentido más amplio» (Pereda C. p.327)

Una vez entendiendo esto, podemos afirmar que la argumentación es algo con lo que lidiamos en nuestra cotidianidad, necesitamos de esta labor para sostenernos socialmente, pero está actividad no siempre se cumple a cabalidad, puesto que, la gran mayoría de la gente no respalda de forma correcta sus creencias, mismas que pasan a ser más un discurso de odio hacia la fracción que se encuentra en contra de nuestra creencia, y, por lo tanto, se percibe como una amenaza.

Así pues la forma en que el ser humano ha aprendido a tratar con lo que parece amenazante es la violencia, pero muchos se preguntarán ¿Se puede hablar de violencia argumentativa? Puesto que, la argumentación es una forma racional de tratar las problemáticas, es por eso que resulta bastante difícil poder hacer un emparejamiento entre la violencia y la argumentación, pero es el mismo Pereda quien nos demuestra que es posible siempre y cuando se cumplan algunos requisitos dentro del sistema de argumentación.

«La gente no da golpes en la cabeza y nada más; sue-
le justificar esos golpes con argumentos, por ejemplo, indica que el golpeado resulta de algún modo un peligro horroroso para el
«nosotros» que representa el golpeador. Es un enemigo real o
potencial, según las circunstancias, es un moro, un judío, un gita-
no, un negro, un turco, un «sudaca» … que viene a quitamos el
trabajo, a seducir a «nuestras» mujeres, a atacar «nuestros» dio-
ses, a corromper «nuestra» juventud … , o simplemente, que viene
a aprovecharse de» nuestra» riqueza, una riqueza que «nosotros»
-un nosotros agrandado que incluye nuestros antepasados-
hemos logrado con tanto esfuerzo mientras que él o ella, o ellos y
ellas -un ellos y ellas de nuevo agrandado que también inclu-
ye a sus antepasados-» (Pereda C. p. 332-333)

Así pues Pereda considera de cierta forma la argumentación como una forma de la propia violencia, puesto que, en ella se esconden los grandes intereses de la imposición, otra forma de entenderla sería mediante la siguiente pregunta ¿Qué interés tiene el argumentar?

Poniéndolo en términos simples la argumentación es un intento de persuasión de la otredad mediante una serie de elementos discursivos, entre los más reconocidos se encuentra el logos, el pathos y el ethos, estos elementos son la herencia aristotélica en su retórica, para entenderlos mejor hay que describir que atiende cada uno de ellos.

El logos son los elementos racionales introducidos en la argumentación, es decir, todos los elementos basados en hechos, o en las teorías, es decir, conforman el cuerpo racional del argumento, y por otro lado los elementos del ethos y del pathos, se centran en el orden no racional, sino sentimental, por un lado el ethos es la carga sentimental que el emisor le impone al argumento, y el pathos es la carga sentimental pero del receptor del argumento.

Por lo tanto en nuestros días es sencillo encontrar argumentaciones principalmente basadas en atender estos dos elementos, tanto el pathos como el ethos, son el centro de la mayoría de los discursos entre el común de las personas, el logos ha quedado relegado al último elemento de la argumentación, cuando es el que debería sostener al otro par de elementos, mismos que atañen a un valor no verificativo ni de la validez del argumento, es así pues que en épocas actuales los insultos y la violencia argumental cada día se encuentra con mayor presencia.

Ya no es necesario lograr convencer al otro acerca de que mi creencia, o mi sistema es mucho mejor que el de él, basta con tener los elementos que me permitan descalificar al otro, es decir, imponer mi argumento de una forma violenta, a través de insultos, o de elementos que no tienen que ver directamente con la argumentación, sino con la agresión directa entre ambos integrantes de la discusión (el emisor y el receptor)

Este punto me parece de suma importancia sea comprendido, puesto que, en todos los elementos discursivos siempre existen estos elementos, el emisor quien es quien está transmitiendo el mensaje, el mensaje mismo, que es la información que se transmite, y el receptor, aquel a quien está dirigida la información del mensaje en cuestión, por lo tanto, estos tres elementos conforman todos los canales de comunicación argumental, puesto que, si alguno de estos no se encuentra presente el sistema está incompleto y no se le puede conceder el nivel de canal argumental o de comunicación.

Aquí también es importante señalar un elemento que en últimas fechas ha cobrado un interés especial, y esto no es otra cosa que la intencionalidad, en este elemento se le puede considerar especialmente al emisor, puesto que, el es el responsable de la transmisión del mensaje y todo lo que esto conlleva, aunque también la intencionalidad es responsabilidad de cierta forma del receptor, debido a que, es el quién tiene la misión de decodificar el mensaje, apropiarselo y en esta actividad tiene la tarea de descifrar no solo el mensaje o el argumento, sino que, la intención también deberá de ser comprendida por el receptor.

Todos estos elementos son de carácter increíblemente variado, y debemos darnos a la tarea de entender todos y cada uno de ellos, todo esto nos llevara a obtener luces en estos temas, mismos que generan una serie de confusiones de amplio espectro en el fenómeno comunicativo, tanto así, que a últimas fechas este tema roza los elementos de la censura de la libertad de expresión, una libertad de la que de cierta forma, se ha hecho un abuso de la misma, puesto que, en la supuesta defensa de un derecho al que todos tenemos acceso, que no es otra cosa que la libertad de poder decir y expresar de todo se han eliminado los límites de la decencia y el buen comportamiento.

Es verdad que todos tenemos este derecho, pero el problema con estos derechos es el siguiente ¿Dónde debemos de colocar el límite de mi derecho para que esté no interfiere con el derecho del resto? Esta cuestión será tema de reflexión para otro trabajo, puesto que es tan variada y extensa, y no es la finalidad de este trabajo resolverla, solo queda la mención porque es de vital importancia para esta temática.

Volviendo al tema de la argumentación uno de los elementos más complejos de determinar, puesto que, aunque si hay elementos de los cuales disponemos para determinarlo, la intención termina siempre por ser un detalle subjetivo, puesto que, el emisor es el responsable de la misma, y no es un elemento que se pueda verificar mediante el estudio del argumento, aunque existan elementos que nos den pistas de la misma, nunca se podrá determinar con exactitud.

El detalle es que esto se ha exacerbado en fechas recientes, donde las sensibilidades, es decir, los elementos del ethos y del pathos en los argumentos cobran mayor importancia que el logos, y, por lo tanto, el análisis del argumento se basa en esto, en determinar la intencionalidad, y se deja de lado entonces la transmisión del mensaje, haciendo más caso a la búsqueda de la violencia argumental, que al propio argumento, por eso, en la actualidad se ha perdido el enfoque, y cada vez es más difícil realizar si quiera una crítica estructura en base a una argumentación racional, puesto que, el más mínimo elemento que se cargue de cierta intencionalidad será considerado un intento de violencia argumental.

Lo políticamente correcto, es la aspiración de los sistemas argumentales actuales.

Es claro en muchas argumentaciones la intencionalidad, pero en otro gran sector, la misma se esconde detrás de una serie de elementos bastante bien pensados, es por eso que cada vez el escrutinio al que se ven sometidos sea más meticuloso que lo que se realizaba con anterioridad, puesto que, como ya nos mencionó Carlos Pereda, el más grande interés de los argumentos es la transmisión o en la gran mayoría de los casos, el intento de imposición de una creencia de un sujeto en particular, ya sea con elementos de persuasión argumentales, o incluso mediante la imposición de la fuerza, es por eso que, ahora la gran mayoría se han vuelto críticos cuando se habla de cuestiones argumentativas.

Como conclusiones en este trabajo me gustaría dejar las siguientes, la primera es la siguiente, en cuanto a la teoría de la argumentación los elementos que se basan en la descalificación directa de las personas inmiscuidas en la discusión siempre será catalogada como violencia argumentativa, y en este caso no tendrían cabida alguna en dichas discusiones, dos, todos los intentos de imposición de una creencia por encima de la otra, también deberán ser considerados como violencia argumentativa, tres, el determinar la intencionalidad de un sujeto al momento de realizar un argumento siempre será una tarea demasiado compleja, y a menos que contemos con el otro par de elementos que ya he mencionado arribar será difícil determinarlo como violencia argumental, cuarta y última, en la gran mayoría de las ocasiones todos estos problemas surgen cuando el receptor no logra decodificar bien el mensaje, mismo que pasa a ser una mala interpretación, y de este modo no lo podemos categorizar como un intento de violencia argumental.

Incluso no todas las discusiones se consideran violencia argumental.

Hasta aquí el trabajo de hoy, espero y sea esclarecedor de algunas dudas, y brinde elementos para un análisis más profundo de esta temática, la cual ha cobrado vital importancia a últimas fechas, principalmente en el apartado de las Redes sociales, mismas que se encuentran en la mejor intención de enmendar el camino en cuanto a una convivencia más pacífica entre los distintos sectores que confluyen en ellas, esperemos y no equivoquen el camino y comiencen una cacería sinsentido, en la búsqueda de elementos que son increíblemente difíciles de encontrar, y que esto termine por cortar con el interés que muchas personas tienen en ellas, puesto que, ellas ofrecen la oportunidad de expresar todos esos elementos que de otra forma sería casi imposible.

Bibliografía.

Pereda, Carlos. 1998. “Argumentación y violencia” El mundo de la violencia. Adolfo Sánchez Vázquez, editor. México: Facultad de Filosofía y Letras. UNAM, Fondo de Cultura Económica, 1998. pp. 327-339. Recuperado julio 11 2019 URL. http://ru.ffyl.unam.mx/handle/10391/1887

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