EL SADISMO DEL CRIMEN ORGANIZADO

Asociado ya para siempre con la crueldad -el término “sadismo” se acuño a finales del siglo XIX como una derivación de su nombre-, Donatien Alphonse François, marqués de Sade (1740-1814).

La sociedad mexicana avanza por su lado malo. Mutatis mutandis a las palabras del maestro -Hegel- lamentablemente es verdad. El México del horror real es ya una verdad y del espejismo de antaño, hoy nos golpea con una desmedida perturbación la dantesca imagen del crimen en su expresión más descarnada. Las bestias no tienen límites, ni valores, pero son bestias, de su habitad rara vez escapan o tratan de descubrir algo más allá. Nuestras bestias no tienen límites, ni valores, pero son humanos, su habitad es el nuestro, y escapan e invaden la civilidad. En pocas palabras es el crimen organizado el que escapo de sus cadenas. Desde 2006 a la fecha, México se envuelve en un parapeto de pequeña guerrilla; muertes de norte a sur son las notas de todo periódico con sazón amarillista. Da igual un hombre sin cabeza que una mujer sin brazos, o un niño ultimado con una bala en su cabeza, igualmente un anciano acribillado por una descarga de ráfaga de metralla; da igual. El morbo es el rompimiento de la falsedad, aunque sea chocante es el acercamiento con la carne y el hueso del acontecer nacional. En el mundo de la dominación digital, del imperativo algorítmico; vivimos el salvajismo a flor de piel desde el asiento de nuestro ordenador. Podemos ser espectadores de la nueva inquisición mexicana. Ya no es Tomás de Torquemada imponiendo el terror con aparatos salidos de la lógica de tortura de un auténtico díscolo psicópata. Los torquemadas se multiplicaron en miles, los aparatos de tortura siguen siendo los mismos, la dosis de violencia aumento, el purgatorio no existe; o como dijo William Shakespeare “El infierno está vacío y los demonios están entre nosotros”. Mientras leía “Siete tipos de ateísmo” del filósofo inglés John N. Gray (último trabajo publicado del filósofo); al mismo tiempo una noticia tétrica y escandalosa ahogaba la tranquilidad. En Uruapan, Michoacán 19 cuerpos colgados, torturados y otros desmembrados daban la bienvenida al mes de agosto. Si bien, el tema lo he tratado desde la investigación y es recurrente ver imágenes así de fortísimas, siempre sorprende el grado de maldad con la que los grupos del crimen organizado eliminan a sus rivales, los fusilamientos podrían ser el primer nivel de violencia dentro de una escala, el terror psicológico, el narcoterrorismo visual se encuentra en las más altas. Esos 19 muertos en Michoacán me recordaban el grito franquista de Millán Astray a Miguel de Unamuno el 12 de octubre de 1936 en la Universidad de Salamanca “Viva la muerte”. Contradictio in adiecto, la muerte está más viva que nunca, recorre guadaña en mano milímetro por milímetro el México de la guerra interminable. Tanto “Siete tipos de ateísmo” como los 19 muertos en Michoacán y el crimen organizado, tiene una relación muy curiosa. Exactamente el capítulo 5 “Odiadores de Dios”: El marqués de Sade y la oscura divinidad de la naturaleza. Según John N. Gray: Asociado ya para siempre con la crueldad -el término “sadismo” se acuño a finales del siglo XIX como una derivación de su nombre-, Donatien Alphonse François, marqués de Sade (1740-1814). Es el “sadismo” inspirado en la locura de Sade el que logra adquirir potencia por medio de la atrocidad perpetrada. Porque el sadismo es el goce total de la tortura, del sufrimiento infringido al “otro” desde una contemplación divina de amo del destino, quien decide la muerte y no sólo eso; quien decide como sucumbirá el “otro”, un pollice verso ya no del imperio romano, sino moderno. El crimen organizado tiene más de herencia de Sade que de las antiguas culturas sanguinarias que habitaron el territorio hoy conocido como México. Ellos -el crimen organizado- no son sus herederos en el plano ideológico, lejos están del republicanismo de la filosofía del tocador, pues sin contenido ideal sobre lo que es el hombre frente al estado, o una revolución ante el destino; no se puede dar ese beneficio. El único terreno de herencia es en lo sádico de Sade, en la crueldad inhumana del sufrimiento humano: El asesinato es realmente uno de los más deliciosos (y más seguros) vehículos del libertinaje. Dice el personaje de Sade en Juliette. El crimen como la delicia, una aventura desconocida que promete placer; asesinar conduce al estado sin ley, la libertad se convierte en el desenfreno que llega al despotismo del libertinaje. El crimen organizado, como gran déspota del asesinato en nuestros tiempos, sume a México en la era de la violencia. El estado, suministrador de la violencia en sentido hobbesiano, desaparece lentamente. El sadismo tomando un lugar que no le corresponde, ni le corresponderá, por medio de las redes impone su terror, pasando del estado virtual al estado real. Uno de los reflejos más endebles del barbarismo mexicano, escrito en nuestros tiempos es El hombre sin cabeza de Sergio González Rodríguez. En este volumen, González Rodríguez utiliza la metáfora histórica del hombre guillotinado, del hombre perdiendo la razón: El decapitador se asume como mensajero del lado oscuro de la humanidad, se ve como reimplantador del reino de la muerte y el salvajismo vasto que nombra la destrucción e impone un sentido negativo del mundo. Hay una conexión final, el decapitador es decapitador en cualquier época de la historia, verdugo de la razón, exterminador de la civilidad. Remontémonos a Torreón, Coahuila, por ahí del 2007 o 2008. La escena: cabezas sobre un coche, desprendidas de su cuerpo; la sangre con un brillo pastelero saludando al fotógrafo, las caras de los anónimos viendo a la nada, sin expresión, satisfechas, en un sueño interminable, posiblemente victimas del sadismo del crimen organizado; cada miembro amputado una tensión, cada grito de dolor un laurel. Quizá es Carlos Fuentes al escribir Adán en el Edén quien representó de la mejor manera el México en guerra, el sadismo, Fuentes concibe que una cabeza cercenada hable de su situación; inteligente y lúgubre, la cabeza en pleno uso de su derecho se contempla dentro de la estadistica de muertes violentas. Las listas son interminables, fosas con cuerpos, masacres, videos sádicos, torturas masivas. La brutalidad es la moneda de cambio, ellos -crimen organizado- han puesto su bandera del miedo sobre la paz y la estabilidad social, nadie los para, son todopoderosos, como Sade imagino, que el crimen reinará en el mundo y lo demás pasará a segundo plano. El estado reina pero no gobierna, es la violencia sádica la que no reina pero si gobierna. Perpetrado el crimen sin castigo, nos volcamos al estado de naturaleza. Luigi Pirandello dijo alguna vez “ante los ojos de una bestia se derrumba todo sistema filosófico”.

Bibliografía

Gray, John, 2018, “Siete tipos de ateísmo”, Madrid: España. Pág. 131, 138.

Artículos electrónicos Redacción, 2019, “Uruapan, Michoacán, en guerra: 19 cuerpos en bolsas, colgados en puentes, desmembrados…”, Sin embrago, 8 de agosto, https://www.sinembargo.mx/08-08-2019/3625559

Esquinca, Bernardo, 2009, “El hombre sin cabeza, de Sergio González Rodríguez”, Letras Libres, 31 de mayo, https://www.letraslibres.com/mexico-espana/libros/el-hombre-sin-cabeza-sergio-gonzalez-rodriguez
Articulo escrito por:
Ulises Ariel González Guerrero.

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