Érase una vez. (Un cuento que bien puede pasar en la vida real) 2da parte

¿Qué voy a hacer ahora? Empecé a preguntarme incesantemente ¿Cómo saldré de este lugar tan extraño? Sin herramientas que me permitieran comunicarme, con mi vehículo descompuesto quizá por pasar tantas noches a la intemperie, fuera cual fuera el motivo resultaría imposible repararlo para salir de allí, así que dispuse de uno de mis últimos alientos de voluntad y comencé a buscar a alguno de los habitantes de aquel sitio, mi intención era interrogarlo y averiguar si existía alguien con conocimiento de reparar automóviles, por desgracia era un lunes, y no cualquier lunes un lunes de navidad, y todas las almas decidieron quedarse encerradas en sus pequeñas casuchas, pensé un momento en ir a tocar la puerta de alguna, recordé lo que me sucedió el primer día, en aquella ocasión nadie atiendo a mi llamado, supuse que aquel día incluso con mayor razón, recordé entonces la posada de aquel anciano, mi mente se encontraba temerosa de la acción que estaba a punto de implementar, pero no tiene mucho mayores opciones así que me dirigí a aquel sitio y llame a la puerta, nuevamente se escuchó la voz de aquel hombre.

–Adelante está abierto– con un temor inmenso recorriendome el cuerpo abrí aquello portón hermosamente tallado, pero viejo, me introduje en aquel lugar lentamente, apenas moviendo mis pies, supuse que si entraba de otra forma incluso molestaría a aquel hombre, el tipo entonces me preguntó

–¿Vienes por una segunda oportunidad para quedarte en este lujoso sitio– a lo que temerosamente respondí moviendo la cabeza y diciendo que no, entonces nuevamente pregunto.

–¿A qué entonces debo el deshonor de tu visita?– mis piernas temblaban y mi frente se encontraba empapada en sudor, pero mi boca comenzó a abrirse y entonces hile las siguientes palabras.

–Señor solo vengo a preguntarle ¿si usted sabe si existe algún servicio mecánico cerca de estos lugares?– su cara tomo un tinte de sorpresa, era como si nunca hubiese escuchado aquellas palabras nunca antes.

–¿Un qué? Me preguntó el hombre, entonces ya era una hecho, estaba completamente perdido en aquel sitio, sin mi automóvil me quedaría en ese lugar para siempre, era como si fuese un náufrago en una isla desierta, un momento después comencé a reprocharme mi estupidez, me preguntaba ¿Para qué demonios me quede aquí? Era como si me odiara a mi mismo, e incluso lo justificaba, eres un idiota me decía a mi mismo, ahora ya no podremos salir de este sitio, nos condenaste a este pueblo solo por tu maldita arrogancia, en el momento en que no estábamos seguros de a que habíamos venido debimos habernos ido, era como si me hubiese dividido en dos porciones distintas de mi, una débil y la otra fuerte, mis tribulaciones duraron aproximadamente unos cinco minutos en los cuales no cruce palabra con aquel hombre, y una vez que recordé que estaba en la posada del viejo me detuve solo para decirle.

–Le agradezco buen hombre– en aquellos momentos la cordialidad me pareció por completo un exceso, no me había hecho favor alguno, incluso en la primera ocasión cuando lo necesite no me ayudó en lo más mínimo, saliendo de aquel lugar continuaba recriminandome, las calles seguían completamente vacías, así que entonces decidí volver al sitio donde estaba estacionado mi vehículo, casi al pie de carretera, el último vestigio de conexión entre aquel lugar y el mundo real, supuse entonces que quizá a lo mejor me habría quedado dormido, aquel sitio no podía existir, era imposible que en estos tiempos algo así existiera, así que entonces me convencí de que todo era un sueño, por eso no había tenido que comer, ni beber demasiado en todo ese tiempo, y entonces comencé a intentar despertarme, todos mis intentos fueron inútiles, incluso recuerdo bastante el golpe que me di en la cara en búsqueda de despertar de aquella terrible pesadilla, pero para mí mala fortuna aquello realmente me estaba sucediendo, abrí mi coche en búsqueda de algunos documentos que tenía guardados allí, quizá entre ellos habría alguna pista de lo que me había llevado hasta aquel paradero, una búsqueda inútil más, abrí el cofre, había visto algunas ocasiones a algunos hombres trabajar en sus vehículos con anterioridad, suponía que quizá a lo mejor moviendo algunos cables, apretando algunas tuercas haría encender aquel cacharro, intentos más, intentos menos, todo fue inútil, era como si le hubieran disparado y hubiese caído gravemente herido, necesitaba un médico, un médico de coches, pero en aquel lugar no había ni médico de gente, ni de animales, mucho menos de coches.

La noche nuevamente se comió al día, y en esa ocasión decidí quedarme en mi vehículo, quizá vería a alguien pasar por aquel lugar y podría pedirle un aventon y que me llevarán a algún sitio donde si pudiera comunicarme con alguien para poder arreglar mi vehículo, nuevamente esfuerzos inútiles, parecería que yo era la única persona que tenía la terrible suerte de haber llegado hasta ese lugar, me mire en los espejos retrovisores de mi auto, un tanto más y no me reconocía, el cabello bastante desarreglado, una barba crecida por el par de semanas vividas en ese lugar, mi ropa ya bastante sucia, sin poder acceder a métodos de lavado de la misma, entonces recordé que en mi vehículo tenía unas cuantas mudas de ropa, entonces decidí cambiarme y ponerme ropa en mejores condiciones, la otra la arrumbe en la parte trasera del vehículo, entonces intentaría hablar al día siguiente con alguno de los espíritus andantes de aquel pequeño pueblo, quizá alguno se compadeciera del extraño y pudieran ayudarme, así lo pensé entonces, y al igual que el día la noche termino en un abrir y cerrar de ojos, y me dirijí nuevamente al pueblo.

La navidad había pasado ya, e igual que siempre uno que otro espíritu se veía deambulando por las calles, mi decisión era preguntarle al primero que se me cruzará, pero sus actividades hurañas hacían que me rehuyeran, hasta que un pequeño infante se me cruzó en el camino, y su madre presurosa se acercó a el, quizá pensaba que le haría algún daño, ya que la mujer estuvo a una distancia prudente decidí preguntarle.

–Buenas tardes señora ¿Sabrá usted donde puedo encontrar un servicio mecánico?– la cara de extrañeza de la mujer, lo decía todo, nadie sabía de qué hablaba, nadie tenía vehículos en aquel apartado lugar, ni falta que les hacían, su velocidad era equiparable a la de un coche en una avenida con un poco de tráfico, así que no era algo que necesitaban, me convencí entonces nuevamente de que no habría forma de reparar mi vehículo, a menos que saliera a la carretera a pie y buscará alguien que me llevará a algún otro lugar en el cual si hubiera un servicio mecánico, así estuve entonces una semana más, yendo y viniendo, salía a la carretera de día, mientras que en la noche regresaba al pueblo a resguardarme bajo aquel inmenso pórtico, el cual ya era mi guarda sueño, cuando iba a la carretera parecía que nunca llegaba lo suficientemente lejos para ver algún vehículo pasar y que se apiadara de mi alma perdida, llegando el sábado estaba más esperanzado en no encontrar a nadie que me llevará lejos, porque ya sabía que venía el domingo y la nueva oportunidad de ver a mi Alegría estaba cerca, así pues el sábado apenas si llegué a pie de carretera y después regrese al pueblo en espera de la noche para cerrar los ojos nuevamente y ver el amanecer del domingo, un domingo víspera de año nuevo, 31 de diciembre, entonces me dispuse a buscar entre el tumulto de personas a esa mujer que ya me había robado el aliento y tres semanas de mi vida.

Un par de ojeadas de izquierda a derecha, y logré verla, solo eso me bastaba para llenarme nuevamente de esperanza, intente acercarme, pero en esta ocasión la procesión de personas rumbo al templo impidió mi acceso para poder hablarle, lo importante es que la había visto nuevamente y tenía fe que esta ocasión la celebración fuera menos funesta en cuanto al tiempo, y poder hablar con ella al final de la misma, ya que sabría que si entraba en aquel lugar las miradas irían todas a mi sitio, además la mirada tenebrosa de aquel hombre quien fungía como el pastor de aquel rebaño me haría desfallecer, arrebatándome las pocas fuerzas que quedaban en mi enclenque cuerpo, así que entonces no me quedaba más que esperar y aferrarme a la creencia que aquel día las fuerzas celestiales se apiadaran de mi triste situación y el demonio aquel vestido de oveja sagrada diera fin a su celebración antes de que el sol se ocultara, y me dieran así por fin la oportunidad de poder entablar una conversación aun más larga con Alegría, aquella hermosa joven que me tenía perdido en su bello rostro, y aparentemente el destino se apiadó de mi triste figura, aún con algo de tiempo de claridad el cura dió fin a su ceremoniosa celebración, permitiendo así la salida de la feligresía, en esta ocasión con mucho mayor orden, a sabiendas que el sol aún tardaría en irse a dormir detrás de aquellos cerros que resguardaban aquel pequeño poblado, así pues ví salir con un paso lento a mi bella amada, como nunca antes había podido observarla, tranquila, en su rostro se dibujaba una sonrisa, venía hablando con el par de viejecillas con las cuales siempre se sentaba en el templo, así que entonces decidí acercarme para poder preguntarle algunas cosas, apenas había emprendido mi marcha y note a aquel fiero pastor que venía detrás de aquella hermosa mujer, intentaba apresurar más mi andar, era inútil, me encontraba ya al borde de mi desfallecimiento, entonces aquel tipo le hablo y aquel hermoso rostro volteo a verle con una cara desencajada.

–Alegria venga acá, necesito hablar con usted– esas palabras me llenaron de irá, y de no ser por qué no tenía energía alguna me le hubiera arrojado a darle una paliza a aquel hombre, no eran las formas de dirigirse a una figura tan delicada como aquella bella joven, ella emprendió el paso para salirle al encuentro al padre, cuando se hubo acercado lo suficiente el padre le metió un golpecillo en la nuca, de esos que se conocen comúnmente en muchos sitios como cocolazo, y la joven no respondió de ninguna forma, posterior a aquella atrocidad el tipo se notaba furico, con un semblante de pocos amigos, movía los brazos de un lugar a otro, y los pies de igual forma, no podía estarse quieto por un solo instante, intente aguzar mi oído e intentar entender el motivo de tales aspavientos por parte de aquel párroco, más esfuerzos inútiles, no tenía ni la energía para acercarme para escuchar algo de aquella plática, la noche entonces comenzaba a caer, y todo mundo emprendía ya la huida a su casa, pero el regaño en contra de mi Alegría continuaba, parecía como si ella hubiese sido el motivo de que la celebración terminará antes, y por lo tanto el cura se lo estaba cobrando a su manera, me encontraba harto de esperar así que decidí caminar un poco más, avance un par de pasos y las fuerzas me abandonaron por completo, caí rendido a media plazoleta de aquel lugar, la falta de alimento, agua, de sueño, todos ellos fueron los factores que me llevaron a desvanecerme aquel sitio.

Cuánto tiempo pase en esa situación no lo sé, nunca lo supe, el detalle es que cuando desperté me encontraba en un cuartucho, rodeado de imágenes de santos a mi alrededor, tal fue mi sorpresa que incluso pensé que había muerto y estaba en el cielo, digo rodeado de tanta figura representativa de aquel lugar de último descanso para los difuntos, ya con un poco más de conciencia me di cuenta que no solo no había muerto, sino que estaba más vivo que cuando me había desmorecido en aquel sitio, estaba sobre un catre en el cual no había resorte que no rechinara, tenía apenas una sábana encima de mis piernas, a un lado una mesita con un balde de agua fresca, un vaso, un plato con algunas frutas ya algo secas, supuse que era algún sitio donde curaban a las personas de aquel lugar, y mi suposición no estaba equivocado, era un pequeño cuarto que se encontraba por la parte trasera del templo, y conectaba directamente con el, entonces después de mi desmayo había sido llevado hasta aquel lugar, como pude me puse de pie, y comencé a buscar la salida de aquel lúgubre lugar, en eso se oyó abrir un cerrojo, para mi sorpresa era el párroco, solo que en esta ocasión, su semblante era distinto, un tanto más amable, sin rayar en lo divino, pero si resultaba más tolerable el verle más como hombre que como el mensajero de dios en la tierra, se acercó y con un leve esbozo de sonrisa me dijo.

–Me alegra que ya este mejor forastero, vaya que nos pegó un tremendo susto– era raro después de todo ese tiempo escuchar una voz humana distinta a la mía, la de Alegría, la del anciano de la posada, y algunos que otros cuchicheos de las personas en las calles, algo de mi humanidad regreso a mi persona y entonces escuché al sacerdote que continuaba su charla.

–Ya lleva bastante tiempo en este lugar ¿Algún motivo especial que lo haya traído a este sitio tan alejado de todo y de todos?– esas palabras resonaron en mi mente, había olvidado porque había llegado a ese sitio en primer lugar, y no sabía si era prudente mencionar el segundo motivo que me había llevado a quedarme allí, después del espectáculo que había observado la noche de mi decaimiento, supuse que sería un terrible error mencionar siquiera el nombre de Alegria, así que decidí no mencionar nada de ello, reaccione rápidamente y decidí contarle del problema de mi vehículo.

–Estaba pasando por aquí cuando mi vehículo dejo de funcionar, desde ese entonces he estado buscando algún mecánico para reparar mi coche, pero a todo el mundo que le he preguntado no sabe ni siquiera que es un mecanico– mientras le contaba mi situación observaba los gestos de su rostro y de su cuerpo, era como si fingiera creerme, algo había en aquellas personas que lograban detectar las mentiras de inmediato, recordé mi experiencia con el viejo de la posada, el cual le disgusto mi historia, era como si no supiera mentir, aunque esa ocasión no mentía, pero parecía que aquellas personas eran capaces de detectar cuando alguien no habla con sinceridad, así que intente disimular lo más que pude, entonces aquel hombre solo respondió con la siguiente frase.

–Ya veo su problema forastero, realmente si quiere reparar su vehículo si será bastante difícil, en este sitio como se ha podido dar cuenta no hay servicios de ningún tipo, la gente de aquí ha vivido en este lugar toda su vida, incluso yo ya llevo aquí un buen tiempo, la única forma que le veo de resolver su problema es que vaya al pueblo siguiente, ellos están un poco mejor que nosotros, quizá ellos si le puedan indicar algún lugar donde reparar su vehiculo– esas palabras me dieron un poco de esperanzas, ahora el problema que viene es ¿Cómo llegaría hasta el otro pueblo?

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