Érase una vez en algún sitio lejano, un lugar donde el aire se regresaba, e incluso la señal de televisión o de internet eran incapaces de acceder, ese sitio tenía algún nombre exótico que en lo particular mi memoria decidió no guardar, y al no haber registros de el en ningún mapa, ni tener acceso a ningún medio de comunicación su nombre es como si no existiera, pero para efectos prácticos lo llamaré para motivos de mi narración «el olvido» porque es la única forma en que se me ocurre llamarle a aquel sitio tan curiosamente escondido y alejado de todo lo que conocemos en nuestros días.
Recuerdo bastante bien el día que llegue, lo que olvide fueron los motivos que me llevaron a caer en dicho sitio, de seguro no eran importantes, pero lo que si fue importante fue lo que me sucedió en aquel sitio y que pasaré a narrarles a continuación, aquel sitio desde mi arribo me pareció raro, un lugar sin grandes caminos, apenas una que otra gente deambulando las callecillas, que se entrecruzaban unas con todas y todas con una, la calle más grande era la que lo llevaba a uno hasta el centro de aquel lugar, y por decir grande, pues no cabían más de dos coches a la vez, por suerte la gran mayoría de personas de aquel lugar apenas si andaban en bicis, la gran mayoría andaba montada a caballo, otros cuantos en unos burros, por lo que el ancho de las calles realmente no les significa problemática alguna.
No tarde más de un par de horas en recorrer aquellos callejones, de un extremo a otro, en los mismos apenas si se veía gente, recuerdo bien que el día de mi arribo fue un lunes, ese era el motivo principal de que hubiese tan poca gente afuera, la mayoría se resguardaban en sus casas, como si tuvieran un millón de secretos que quisieran que nadie supiera, o quizá por el inmenso calor que hacía en aquel sitio, nunca tuve el valor de preguntarle a ninguno de aquellos personajes el motivo de su recelo de salir y convivir con sus vecinos, si lograba ver a alguien por las calles parecían llevar una prisa exagerada por llegar a sus casas, tanto que si veían a alguien más con mayores motivos aceleraban sus marchas, escapando del contacto social, una vez que recorrí todo el pueblo, decidí detenerme un momento a analizar la situación de aquel sitio, aunque después de un rato me convencí a mi mismo que desde luego no era extraño aquel espectáculo que presenciaba, incluso en las grandes urbes la gente ignora a sus semejantes, por lo que decidí no atormentarme más con aquel análisis que terminaría por no dejarme nada satisfecho con la respuesta que obtendría, así que nuevamente retome la marcha y busque las formas de terminar rápido las encomiendas que me habían llevado a aquel extraño y maravilloso sitio, pero era como si la memoria se me nublara, no recordaba ya porque había llegado, ni que tenía que estar haciendo en ese sitio, además cómo se los dije no había ninguna conexión con el mundo exterior, por más que intente acceder a las tareas de mi dispositivo que me ayuda con mi terrible memoria fue imposible, busque y rebusque que me había llevado hasta aquel lugar sin éxito, hasta que me di por vencido y decidí quedarme unos momentos más, quizá mi memoria haría de las suyas y por obra de un acto de magia me recordaría mi misión en aquel lugar, jamás sucedió.
Para mi mala o buena fortuna, todo dependerá del punto de cada lector, mientras estaba esperando recordar mi encomienda cruzó frente a mí un rostro de una finura excelsa, y un cuerpo de una composición hermosa, me quedé absorto por un minuto, supuse que quizá el calor, más el esfuerzo en intentar recordar los motivos que me llevaron hasta aquel pequeño lugar me estaban haciendo enloquecer, entonces decidí tallar mis órganos visuales, suponiendo que mi mente me estaba jugando una tremenda broma y lo que sucedía realmente era que imaginaba aquella bella silueta frente a mí, por más que lo intentaba aquella figura no desaparecía y no me quedo más que convencerme nuevamente que no era mi locura la que me estaba jugando alguna broma pesada, sino que aquella mujer en realidad existía, porque les dije en un principio lo de la buena o mala fortuna, porque fue eso lo que me obligó a quedarme aún mucho más tiempo en ese sitio, aquella cándida mujer obligó a alargar mi estadía en aquel sitio, cuanto más me quedé, no lo recuerdo ahora con claridad, pero si pareció una eternidad, los motivos vendrán a continuación.
Ya después de un rato de admirar a aquella joven, mis ojos traicioneros decidieron parpadear, y solo ese pequeño instante bastó para que su figura desapareciera mágicamente sin ningún huella de que camino había tomado, recuerdo bien que me recrimine por más de 10 minutos el tener unos ojos tan débiles y un parpadeo tan largo, todo ese tiempo que pase culpandome de mi enclenque visión fue tiempo que perdí y que quizá debí haber aprovechado y salir corriendo tras de aquella musa, recuerdo de igual forma que la noche comenzaba a caer, el sol empezaba a meterse entre los cerros que rodeaban aquel sitio, las casuchas de colores ocre eran absorbidas por el tremendo color negro de la noche, la luz eléctrica era otra de las carencias de aquel lugar, ya si de por si había poco gente en la calle, el último rayo de luz de sol era la señal para que todo mundo se fuera a resguardar en su hogar, el frió de la noche tal como el calor del día eran efectos que sumaban para que nadie más quisiera estar afuera, lo único que me quedaba era buscar un lugar donde refugiarme, a lo que ahora tocaba entonces comenzar la búsqueda de algún mesón, o de alguna buena alma caritativa que me ofreciera un asilo, así pues comencé nuevamente mi marcha, sin poder sacar de mi mente aquella hermosa silueta que fue capaz de embelesar incluso hasta mi espíritu, no hubo mucho que buscar algunos metros adelante mío encontré un sitio que ofrecía alojamiento a cambio de que se les contarán historias de otros lugares, mi primera impresión fue de duda, estaba bastante acostumbrado a los hoteles que cobran un ojo de la cara y apenas te ofrecen una cama fría, pero eso sí, un televisor de última generación, con cierto calor eso sí, por el brillo que emite la pantalla, pero en la inmensidad de los cuartos del hotel lo que más escasea es la tibieza y más cuando se acostumbra a viajar solo, como yo lo acostumbraba normalmente.
Una vez superada mi duda y pánico iniciales decidí llamar a aquella puerta, dentro de ella respondió una voz bastante baja
–Adelante está abierto– en ese momento me decidí a abrir aquella puerta, y así fue, la puerta estaba abierta, era una vieja puerta de madera, desgastada y húmeda, pero bastante bien adornada con tallados hechos a mano, ni yo mismo hubiera esperado la figura que me recibiría en ese sitio, un hombre bastante mayor, aproximadamente entre los 80 y 90 años, uno no supondría que viviría gente tan mayor en esos sitios, en los cuales los servicios son escasos y en este caso incluso inexistentes, lo que mayormente me sorprendió es que aquel hombre se veía bastante entero para sus años, es como si a pesar de su edad hubiera algo más allá que le diera un aspecto de juventud, así pues me introduje en aquel sitio y el hombre me pregunto amablemente
–¿Buscas una posada donde descansar o me equivoco? – únicamente decidí asentir con la cabeza a lo que el hombre me dijo
–Espero y estés preparado para ofrecerme una muy buena historia, digo si ya has visto cual es el único motivo por el cual alojó a las personas es que me cuenten algo interesante acerca de otros sitios– en ese momento sentí un tanto de miedo yo soy un hombre que vive viajando, pero realmente nunca me detengo a pensar en todos esos sitios donde me encuentro, de hecho hasta este extraño lugar todos los demás me habían parecido bastante iguales entre sí, a lo que temerosamente empecé a contar una anécdota de uno de mis tantos viajes, le conté de aquella ocasión que visite una isla exótica, en la cual la gente acostumbraba a comer toda clase de insectos y animales raros, sin duda para mí era de lo más significativo que me había pasado entre todos mis viajes, de pronto empecé a ver qué aquel anciano comenzaba a enrojecerse, apretando con furia uno de sus puños, mis piernas comenzaron a temblar y mi frente empezó a calentarse, de un momento a otro mientras continuaba contando mi historia una gota de sudor llegó hasta mi mejilla, mientras aquel hombre apretaba aún mucho más su puño, era como si lo que yo estuviera contando le causara un tremendo enojo, por lo que mi único opción fue detenerme y el hombre comenzó a exclamar.
–¿Acaso te crees gracioso? ¿Crees que te alojaré después de haberme contado esa terrible historia? Olvídalo, largo de este sitio, vuelve cuando tengas algo mucho mejor que contarme– rápidamente salí de aquel sitio, ya decía yo que era bastante extraño que alguien ofreciera asilo solo a cambio de historias, aún temeroso y con las piernas temblando logré salir de aquel sitio, y continúe mi búsqueda por un sitio donde quedarme, todas las demás puertas a las que acudí nadie atendió el llamado que les hacía, así que entonces el propio cansancio me venció y decidí tirarme debajo de un pórtico inmenso que encontré cerca del centro de aquel lugar, era un sitio de una belleza indescriptible, pero entre las figuras nocturnas bien podría pasar por un elemento de lo más tenebroso posible, así pues fue mi primer día de travesía en aquel sitio tan extraño.
Después de una noche de sueño debajo de aquel gran pórtico supuse que quizá mi memoria había descansado lo suficiente para recordar el porque de mi visita a ese lugar, pero no, me engañaba a mi mismo si suponía que iba a recordarlo sin la ayuda de mis dispositivos, estaba tremendamente acostumbrado a esas herramientas que me olvidé que yo mismo tenía algunas habilidades, mismas que yo me encargue de que desaparecieran, además como iba a poder recordar algo distinto del tremendo espectáculo de belleza que había presenciado el día anterior, y pues entonces decidí transformar mi misión y me di nuevamente a la búsqueda de aquella hermosa mujer, recorrí entonces nuevamente todos los rincones de aquel sitio, que igual no eran demasiados, ya estaba familiarizandome con esos caminos, pasaba de vez en vez por aquel sitio de dónde el hombre me había echado por mi terrible historia, era curioso, a pesar del calor incesante mi cuerpo parecía no necesitar agua ni alimento, además que por más que se buscarán no existía sitio alguno que ofreciera algo para comer, mientras mi búsqueda continuaba la desesperación se hacía más grande, no quería ya quedarme mucho más tiempo allí, y nuevamente me decía lo estúpido que fui al perder de vista a esa joven, tan solo en ese pequeño fragmento de segundo, el suficiente para que ella pudiera escapar y quizá nunca más le volvería a ver, así entonces continue mis labores de investigación del paradero de mi bella musa, sin suerte nuevamente, y lo único que encontré fue nuevamente la noche en aquel lugar, supuse ir nuevamente al sitio que ofrecía estancia a cambio de una historia, pero vino a mi memoria mi fracaso anterior, a lo que me hice a la idea de nuevamente dormir frente aquel pórtico inmenso que tan bien me había cuidado la noche anterior.
Así pues pasaron curiosamente todos y cada uno de los días de la semana, el miércoles, el jueves, el viernes, y el sábado, viendo a extremadamente poca gente circular por aquellos callejones, pero mi chica no tenía intenciones de volverse a topar con mis ojos, así pues llegó el día domingo, y todo eso que parecía un pueblo fantasma se transformó por completo, el domingo resultaba por entero una festividad, desde temprano cientos de almas acudían a los llamados de las campanas del templo de aquel lugar, todos con sus mejores galas, yendo incluso más despacio de lo que comúnmente se les acostumbraba ver, pensé entonces que ese día tendría la mejor oportunidad de ver a aquella bella joven, y mis pensamientos no estaban equivocados, no tardó demasiado en salir de su casa y me la encontré de camino a la iglesia, iba perfectamente arreglada, con un vestido tejido a mano, en un tono pálido, eso no hacía más que ensalzar todo el espectáculo que de por sí ya era impresionante, nuevamente me quedé completamente endiosado con ella, así pues decidí seguirla hasta el centro, solo que al no ser una persona relacionada con el aspecto espiritual decidí quedarme fuera del templo, y presencié el fenómeno más curioso de aquel lugar, no había en absoluto nadie fuera de aquella ceremonia religiosa, era como si fuera el único motivo que los congregaba, me resultaba bastante extraño ver a todos ellos reunidos ante la voz de un hombre que les hablaba de una figura que les prometía una recompensa eterna a cambio de su obediencia, pero en el caso contrario el castigo sería incalculable, incluso fui capaz de divisar en aquella ceremonia al viejo que me había echado de la posada, era uno de los que se encontraban sentados en la parte más frontal de aquel edificio en el cual se llevaban a cabo todas estas celebraciones, aquel espectáculo parecía ser eterno, más que lo que duran normalmente estos eventos en otros sitios, el hombre a cargo era un ser rabioso, sus ojos reflejaban de todo menos alguna compasión por sus semejantes, era como si más bien el fuera el ejemplo a no seguir, entonces nuevamente busque el sitio donde se había posado mi bella mariposa, y mis ojos se llenaron de brillo al encontrarla sentada cerca de unas viejecillas de chapetes colorados, todas estas mujeres se veían tan emocionadas de todo esto que se encontraban viviendo, parecería que era el único motivo que tenían para seguir en el mundo, entonces el cura de aquel templo alcanzo a divisar mi silueta fuera de sus dominios, a lo que me lanzó una mirada amenazante, una especie de escalofrío me recorrió todo el cuerpo, como si un ser verdaderamente maligno hubiera mirado dentro de mi ser, mi única reacción fue alejarme más allá de cualquier punto donde pudiera ser observado por ese espíritu, perdiendo por completo de vista a mi obra de arte hecha carne, lo que me reconfortaba era el hecho de verla una vez terminada aquella presentación, me resultaba extraño que el tiempo pasaba y aquella celebración se alargaba infinitamente, cánticos y más cánticos, oraciones y demás se escuchaban ya a lo lejos, hasta que por fin termino, y con ello también termino la luz del día, así que todos los pobladores se arremolinaron para poder salir deprisa hacia sus casas, se les veía como una inmensa masa sin pies ni manos, todos en un inmenso tumulto que me impidió ver nuevamente a esa mujer de la cual suponía ya estar perdidamente enamorado, yo esperaba cuando menos poder hablarle y preguntarle su nombre, pero vaya que estaba bastante equivocado, mi misión fracaso nuevamente.
Ya un tanto acostumbrado a las rutinas de aquel sitio, incluso algunos de sus pobladores ya me reconocían, y suponía que hasta hablaban de mi, porque en cuanto me veían si había alguien más se acercaban para contarse algo en secreto mientras me miraban, quizá suponían que mis intenciones no eran buenas, o quizá el amable cura de la comunidad les hablo de mi presencia al haberme visto fuera de su congregación, fuese cual fuese el caso me sentía como lo que realmente era, un extraño en un sitio en el que probablemente nunca debí estar, pero no desistía en mi interés de buscar a esa hermosa mujer que logró robarme absolutamente todo sin siquiera saber su nombre, entonces dejaba a los días pasar, en la gran mayoría de ellos apenas si probaba la comida, puesto que en aquel extraño sitio era como si no se necesitará ni comer ni beber, el tiempo pasaba increíblemente aprisa, creo por eso todo el mundo tenía esa desesperación por estar siempre resguardados, nunca logré ingresar a ninguna de sus moradas, únicamente a la del viejo aquel que ofrecía asilo, pero me las imaginaba, vacías, elementales, con apenas lo necesario para vivir, porque la sobrevivencia ya es otra cosa, además que nunca fui una persona curiosa y por eso no me llamaba la atención introducirme en alguna de las casonas de los pobladores.
El sitio era tan extraño que no existía escuela alguna, igual ni hacia falta, en el tiempo que llevaba allí aproximadamente semana y media apenas si había visto un par de infantes, hubiera sido tortuoso que existiera algún maestro para esa cantidad inerme de estudiantes, además que la gran mayoría del resto de los pobladores se contaban entre mujeres mayores y varones ancianos, no había otros hombres jóvenes, lo que me llevo a pensar que todos ellos tenían que salir de aquel lugar para buscar una mejor calidad de vida, así entonces todo iba teniendo un ligero sentido, lo que me era incomprensible aún era como puede existir un sitio así, tan lejos de todo y de todos, pero bueno de igual forma a ellos les funcionaba, y no estaba en mis manos poder juzgarles por su forma de vida, probablemente yo era el que estaba equivocado.
Recuerdo que solo esperaba que llegará el domingo, quizá viendola nuevamente mi mente ya podría descansar y podría dejar aquel sitio tan tranquilamente como llegué, el día que marcaba un calendario que estaba cerca de la entrada de una casa a la vuelta del templo era viernes 22 de diciembre, esa era ya casi mi segunda semana en aquel sitio, se acercaba la víspera de navidad, pero en el ambiente no había aires festivos ni mucho menos, más bien parecía que en todo el mundo se despertaba un espíritu de resguardo, comencé a entender cada vez más a aquel lugar como un sitio bastante cercano a esos pueblos originarios, esos lugares donde la religiosidad es el centro de prácticamente todas las actividades, además de que comprendí la labor de aquel hombre de ojos enrojecidos y saltones al frente de aquella grei, ocupaban un guía, un hombre de mano fuerte, que les animará el espíritu, ya que en esas condiciones cualquier espíritu débil puede sucumbir fácilmente ante las intenciones del pecado, así entonces todo en mi cabeza se ordenaba, cada vez más me parecía que todo tenía mucho más sentido, lo único que aún me parecía increíble era esa joven de la que me había enamorado tan perdidamente y me había llevado a entregar un par de semanas de mi vida en ese sitio, entonces aquel viernes mi suerte parecía cambiar, fugazmente logré observar la silueta de mi amada, así pues salí a su encuentro, no estaba dispuesto a dejarla escapar sin conocer su nombre, quizá eso me tranqulizaría lo suficiente y podría irme ya de ese sitio, entonces acelere el paso en búsqueda de alcanzarla, pero el aspecto de mi desnutrición por apenas comer unas cuantas ocasiones durante ese tiempo prolongado, esto impidió que siquiera pudiera moverme con agilidad, teniendo que ver escaparse fugazmente mi oportunidad de hablar con esa hermosa mujer.
Este triste acontecimiento me llevo a pensar en desistir ya en mis intentos, quizá no estaba destinado a cruzar alguna vez palabra con aquella chica, pero mi voluntad me empujó recordándome que ya solo tendría que esperar a que pasará el día sábado y nuevamente vendría el domingo, y ese día tendría que aprovechar mi oportunidad o darme por vencido ahora sí, entonces espere al final del viernes, a sabiendas que solo restaba un instante más, porque en aquel sitio los días parecían pequeños momentos, quizá se correspondía con mis malas noches de sueño en plena calle, además de que casi no había ingerido alimentos durante mi estancia en aquel lugar, quizá por eso mis fuerzas se concentraban en hacer que el tiempo pasara más velozmente, entonces llegó el sábado y me concentre en hacerlo pasar como un suspiro, y aparentemente mi voluntad me ayudó nuevamente porque fue como si solo cerrará y abriera los ojos para que llegara el domingo, y así el amanecer me golpeó en la cara despertándome y haciéndome soñar con poder por fin hablar con aquella damisela, las personas comenzaron a congregarse en las cercanías del templo, entonces yo comencé a buscar entre todo aquel tumulto a mi hermosa joven, después de un leve paso de vista, logré encontrar su rostro, en ese momento me avalance sobre su corporeidad, intentando hilar palabras solo logré decirle un triste y seco hola, a lo que ella de una forma temerosa respondió la cortesía, continúe entre mi lengua trabada y logré preguntarle su nombre a lo que ella me respondió.
–Me llamo alegria– esas palabras resonaron increíblemente en mi cerebro, pensaba continuamente que no podía existir mejor nombre para aquella joven, porque eso prácticamente lo que ella ofrecía, intente continuar mi conversación, pero el tumulto comenzó a empujarme, haciéndome a un lado, todos estaban intentando entrar al recinto dónde profesaban su espiritualidad, ya sabía lo que se venía, así que mejor decidí alejarme, en la espera de que esta ocasión aquel hombre se apiadara de mí y no hiciera su ceremonia tan larga, desafortunadamente para mí, la ceremonia cubrió el espectro del día, haciendo que todos salieran despavoridos a sus hogares, el motivo, la víspera de navidad, el domingo era 24 de diciembre, y todo mundo se apresuró para llegar a su casa con la mayor prontitud posible, así entonces me fue nuevamente imposible encontrar a mi motivación entre todo aquel mar de personas, además que nunca me fue posible saber de qué casa salía su presencia, de haber sido así hubiera podido irla a buscar en cualquier instante, cuando menos ya había obtenido su nombre, quizá ahora sí moría lo haría en paz.
Busque nuevamente mi refugio debajo de aquel inmenso pórtico como todas las noches, me estaba convirtiendo en un experto de dormir a la intemperie, ni siquiera me importo que fuera la víspera de navidad, creo que de igual forma nunca antes me había importado porque tendría que cambiar ahora, y me decidí a dormir, entre el cansancio y con mi voluntad exhausta, me eche a dormir rápidamente, pensaba antes de caer rendido en salir de allí al día siguiente, de igual forma como premio de consolación tenía su nombre y su recuerdo, sin duda emprendería mi viaje de salida de aquel lugar al día siguiente, decidido estaba entonces a partir, a un costa de ver mi corazón roto para el resto de mi vida, así pues el sol se levantó en el alba al lunes siguiente, el día de navidad y en el pueblo la rutina de cada lunes, espíritus inhertes corriendo a lo largo y ancho de los callejones, apenas reconociendose unos a otros, sin hablarse, pero conviviendo en el mismo espacio vital, así pues viendo este espectáculo mi decisión se hizo cada vez más fuerte, era tiempo ya de partir, quizá mi misión primaria que había sido olvidada en cuanto saliera de aquel lugar la recordaría, y quizá en otra ocasión podría volver y finalizarla, así entonces tome un nuevo aliento y me decidí a salir de aquel lugar, para mí desgracia el vehículo en el que había llegado parecía que se había descompuesto, vaya problema, mi voluntad estaba preparada para irse, pero el vehículo me sacaría de aquel lugar no, y en todos y cada uno de mis recorridos por aquel lugar no había visto ni cerca algún servicio mecánico entonces mi más grande pregunta era ¿Cómo iba a salir de allí?