Érase una vez. (Un cuento que bien puede pasar en la vida real) 3ra parte

Recapitulando entonces, me encontraba en un sitio alejado de todo, dónde todo el mundo se comportaba de una manera extraña, mi única forma de salir de aquel lugar se encontraba averiada cerca a la carretera, y nadie en aquel lugar podía ofrecerme algún tipo de ayuda, puesto que, apenas si ellos sobrevivían, entonces mi única esperanza en la voz del pastor de aquel lugar era ir a otro sitio, mi problema ¿cómo llegaría allá? recién despertaba de un desmayo profundo por la falta de energía y de sueño realmente reparador, además que no tenía ni la más mínima idea de que tan lejos, o que tan difícil fuera el camino hacia el otro pueblo, entonces solo guarde un silencio largo y el párroco interrumpió el mismo, como si deseara que me fuera lo más pronto de sus dominios, quizá se dió cuenta de mis sentimientos hacia la joven Alegría, y me suponía como una amenaza y entonces profirió las siguientes palabras.

–Espero y ya se encuentre listo entonces forastero, le daré las instrucciones para que pueda llegar al próximo pueblo, aún es temprano y quizá esté llegando a aquel lugar por la tarde noche, le hemos dispuesto una pequeña bolsa con un refrigerio, digo después de su desmayo no podemos arriesgarnos a qué le vuelva a suceder, así que entonces disponga de sus pertenencias y lo acompañaré a la puerta para mostrarle el camino– esas palabras sin duda tenían un tinte un tanto amenazante, debía salir de ese sitio lo antes posible, de no ser así no quería ni imaginarme mi destino que seguramente sería funesto, así que entonces tome mis cosas de la pequeña mesa que se encontraba a un lado del catre que me había servido como sostén, en mi desesperación igual tome las frutas resecas que se encontraban en la misma mesa y las devoré antes de salir de aquel cuartucho, una vez saliendo de ahí, la silueta de aquel hombre me esperaba, ya con la bolsa con provisiones de la cual me había hablado, y un pequeño mapa en la mano, un croquis terriblemente dibujado, en el cual solo se encontraban las indicaciones de cuáles eran los caminos que debía seguir, era como si un niño lo hubiera dibujado, en todo caso lo importante es que era comprensible, así que me dispuse a ponerme en marcha, la posición del sol me indicaba que era aproximadamente el medio día, entonces no tenía tiempo que perder, no sabía que tan lejos se encontraba el sitio al que había que llegar, solo sabía cómo llegar, pero por la advertencia del sacerdote el camino si era largo, ya que me dijo que si salía inmediatamente llegaría en la tarde noche a aquel lugar, entonces apresure el paso y comencé a seguir aquel escueto mapa.

Al llegar a los confines del pueblo dude un momento, irme y dejar a merced de aquel siniestro hombre a esa mujer que me había enamorado con solo verla, pero sabía que eso solo sería un sueño y nada más, entonces recordé que de hecho desde hace más de una semana ya no debería estar en aquel lugar, y continúe mi camino, apure aún más el paso, oprimiendo mi voluntad supeditandola a la razón, estaba casi apunto de echarme a correr, pensé que así sería más fácil salir de aquel lugar, ese sitio tan extraño, pero que a la vez me resultaba tan sorprendente, ya a una distancia prudente baje mi ritmo, era como si un planeta se hubiera alejado de su estrella, era como si aquel lugar me atrajera con una extraña fuerza, pero ya me encontraba lo suficientemente lejos para ya no sentir aquella presión, pero aún había algo que me tentaba a volver sobre mis pasos, pero nuevamente mi razón se impuso ante mi impulso y seguí el camino hacia el otro pueblo, suponía que ya no hacía falta tanto, el sol ya había bajado en su intensidad ante mis ojos, decidí tomar un pequeño aperitivo de la bolsa que me habían preparado para mi viaje, pero sin detenerme, suponía que si lo hacía después me sería más difícil continuar en mi misión de llegar al sitio donde me ayudarían a resolver mis problemas, entonces de pronto ante mis ojos unos arcos enormes hicieron su aparición, era el ingreso al otro pueblo, en los mismos un leve dejo de pintura y una letras borrosas en las cuales supongo que se encontraba el nombre de aquel lugar, pero entre lo borroso y descuidado de aquel inmenso arco que fungía como puerta abierta para recibir a los visitantes solo se distinguían las siguientes letras: A SE ION, intente descifrar el nombre, la única palabra que me resultaba más familiar con aquellas letras era: Ascensión, pero no era del todo cierto, o quizá por la carencia de centros educativos las faltas de ortografía eran una cuestión común de aquellos lugares, así que me hacía sentido, y decidí bautizar aquel sitio como Ascensión, ya entrando en aquel lugar sin duda la opulencia era notoria en comparación al otro pueblo, cuando menos en este ya había uno que otro comercio, las personas tenían más cordialidad entre ellas y si se veían en las calles no faltaba el saludo, la noche comenzaba a caer, y entonces me dispuse a preguntarle al primero que se me pusiera de modo si sabía de algún servicio mecánico en ese lugar, entonces un hombre me pasó por enfrente, en un inicio sentí algo de desconfianza, pero tenía que proseguir mi misión para poder salir lo más pronto posible de aquellos lugares, interrumpí su andar con un saludo y el hombre respondió con una voz fuerte.

– ¿Que tal extraño? ¿Usted no es de por aquí verdad?– me era sorprendente como en ese tipo de lugares por más que quiera uno no puede pasar desapercibido, es como si todos conocieran a todos, como si los extraños les resultarán seres despreciables, y me pregunte si no era lo mismo que me pasaba a mi, sin duda, sufría lo mismo que todos esos hombres y mujeres, quería tener la menor cantidad de contacto posible con el mundo, lo extraño nos resulta en verdad incómodo, entonces me dispuse a hacerle la pregunta que me había llevado a aquel lugar, pregunté si había algún servicio mecánico en aquel lugar y el hombre dispuso a responder de una forma cordial pero algo azotada.

–Ya veo, problemas con su coche, si contamos con servicio de mecánico, de hecho mi cuñado don Genaro es el que se dedica a la mecánica, si usted lo quiere lo puedo llevar para con el, igual y aún no cierra su changarrito– asentí con la cabeza y el hombre se dispuso a caminar junto conmigo, no sabía que más decir, así que todo el camino fui callado, un par de cuadras adelante y otras dos a la izquierda y llegamos al humilde lugar de trabajo de Genaro, un pequeño cuartucho lleno de los componentes de los motores automotrices, sin anaqueles, solo una pieza encima de la otra, sino hubiera estado en esa situación pensaría que aquello era un chiste, una broma de pésimo gusto, pero dada mi situación aquello me pareció incluso como dispuesto en una obra de arte, entonces aquellos parientes se saludaron y aquel hombre le platico mi situación a don Naro, así le decían a aquel hombre, digo ya saben la economía lingüística es algo que a todos mundo nos preocupa, y entonces don Naro me pregunto.

–¿Y dónde está entonces su vehículo señor?– entre un gesto de vergüenza y desesperanza decidí contarle que se encontraba muy lejos, en el otro pueblo, le mostré el mapa rústico que me habían entregado y volteó a ver a su cuñado, ambos se miraron con sorpresa, incluso a ellos les parecía extraño que un hombre fuera a aquel lugar tan apartado, entonces don Naro me dijo lo siguiente.

–Esta perfecto mi estimado caballero, pero por el momento mi charchina igual se encuentra descompuesta, así que no podemos salir ahora mismo en la misión de reparar su carro, pero mañana a primera hora partimos, me llevaré algo de herramienta para ver si con eso le damos marcha, y si no pues lo seguro es que nos lleve un par de días– un poco de esperanza iluminó mi rostro, pero ahora el problema era ¿en dónde me quedaría en aquel lugar? decidí entonces empezar mi búsqueda de un sitio en donde quedarme, igual eso de quedarme a dormir afuera ya se me estaba haciendo costumbre, si encontraba algún sitio donde poder dormir sería perfecto, pero si no cualquier lugar estaría bien, entonces busque algún hotel o posada, pero al ser más grande aquel sitio que el otro, no quise arriesgarme demasiado y mejor decidí detener la busqueda, igual encontré un lugar cerca del pequeño negocio de don Naro, ahí pasaría la noche, y al día siguiente regresaría a aquel lugar para emprender la misión de la reparación de mi vehículo, la noche en ese lugar si fue un tanto más insoportable que en el otro sitio, ahí el tiempo ya transcurría de forma más normal, quizá todo depende de la gente que haya alrededor, entre más personas el tiempo transcurre más lento, o cuando menos eso me empezaba a parecer, entonces el sol salió en el horizonte y me golpeó directamente la cara, me equivoqué terriblemente al elegir el sitio donde dormiría, pero bueno lo importante es que ya era el día siguiente, así que partí al negocio de don Naro quien ya se encontraba esperándome.

–Que bueno que llegó joven, aunque se le hizo un poco tarde, de hecho estaba pensando que ya no venía, pero lo importante es que ya esta usted aquí y podemos ir a ver qué tiene su cafetera, jejeje, perdone el chiste, pero es que a veces uno tiene que reir– su chiste fue tan malo, pero por cortesía esboce una leve sonrisa, y así empezamos nuestro camino, realmente para mí ya resultaba tortuoso el emprender una conversación, era como si tanto tiempo sin hablar me hubiera oxidado la habilidad social, así que durante el trayecto solo me dediqué a responder con gestos, moviendo la cara respondiendo si y no, como que la charla hizo que el camino fuera más corto, pero en cuanto nos estábamos acercando era como si la fuerza de atracción volviera a mi persona, era como si aquel lugar me llamará, entre más me acercaba mi mente más pensaba en Alegría, quizá a lo mejor cuando pasaramos por el pueblo por una extraña casualidad pudiera verla, eso fue lo que me mantuve pensando todo el camino, solo escuchaba la voz de don Naro, como un susurro de un canto de ave, y yo asentía o negaba con la cabeza hasta que llegó un momento donde el hombre me dijo lo siguiente.

–¿Cómo que usted no habla mucho verdad joven?– me quedé pensando un momento y de repente le dije que estaba pensando en algunos asuntos pendientes que tenía, eso dejó un poco más tranquilo a aquel hombre, pero no quedo del todo conforme, tenía la misma extraña habilidad del resto de las personas de esos lugares, el saber cuando alguien no hablaba de forma sincera, y eso les resultaba molesto a todos ellos, entonces mi única opción fue apresurar el paso para que el viaje fuera aún mucho más rápido, y tener que hablar o contestar lo menos que fuera posible, entonces el hombre tuvo que seguir mi ritmo, y de esta forma también aminoró un poco la charla, una vez llegando al pueblo, mis ojos comenzaron a moverse de una esquina a otra, buscando a mi hermosa joven, pero como siempre, no había almas en las calles, el pueblo se encontraba en su fantasmagoría natural, así que continuamos el viaje hasta mi auto, una vez llegando a el, me dispuse a abrir el capo, y don Naro se lanzó sobre el, revisando cables, mangueras, conexiones, apretando, aflojando, probando una y mil teorías, pero ninguna de ellas daba resultado, así que decidió tumbarse en la parte de abajo, cayó cerca de la llanta derecha del vehículo y se metió debajo de él, movió algunas cuántas cosas y de repente, escuché la siguiente frase.

–Joven ¿Hace cuánto no llevaba su vehículo a que se lo revisaran– supuse que aquella sentencia debía significar algo terrible, esas palabras me hicieron pensar que el problema era más grave de lo que imaginaba y que aquel portento de hombre no tendría lo suficiente para ayudarme, balbuceé entonces, no recordaba hace cuanto era la última vez que había llevado mi vehículo a que lo revisaran, el hombre noto de inmediato que hace mucho que no le metían mano al coche, y entonces continuo revisando las entrañas de la bestia metálica, moviendo una y mil cosas, de repente una cierta desesperación comenzó a atacarme, nuevamente comencé a culparme de mi triste situación, de haberme ido lo más pronto de allí no estaría pasando por aquel suplicio, hubiera podido continuar con mi vida normalmente, viajando de aquí para allá, en ese momento comencé a recordar un tanto de porque había acabado en aquel lugar, alguien me había contactado y hablado de el, posteriormente me había encomendado una entrega en aquel lugar, un pequeño paquete que se encontraba en la guantera, eso fue como una iluminación, así que entonces decidí abrir la gaveta y buscar aquel paquete, una vez que abrí, ahí se encontraba, y en el estaba marcada una dirección, un lugar por el que había pasado muchas veces en mi estadía en aquel lugar, conocía a la perfección la calle, pero al no tener numeración aquello sería una misión difícil, igual no había muchas casas, pero tendría entonces que descifrar a que personas les pertenecería ese paquete, mientras que don Naro seguía en su labor mecánica, mi mente parecía recuperar un poco de fuerza, y recordaba lo que me dijo la persona quien me había dejado aquella encomienda, me mencionó lo siguiente: la casa no tiene número, pero es bastante reconocible, es la casa más austera de la calle, así que no hay pierde.

Cuando menos ya tenía un problema resuelto, porque estaba en ese lugar, ahora lo difícil como salir de ahí, entonces don Naro se reincorporo del piso, y me pidió que intentará dar marcha al vehículo, y como por arte de magia el auto encendió, todo esto me lleno de una inmensa alegría, tanto que me abalancé sobre don Naro en un gesto de agradecimiento, ya que ya podría irme en cuanto yo quisiera de ahi, pero el problema ahora era ¿En realidad quería irme de aquel lugar? Ya con el vehículo en marcha le dije a don Naro que subiera, para poder llevarlo hasta su casa como agradecimiento, por fortuna el tanque de gasolina estaba aún por encima de la mitad, así que el viaje no sería problema, ya una vez arriba del vehículo y de camino a casa el hombre me hizo la siguiente recomendación.

–Joven le recuerdo llevar más seguido su carro al servicio mecánico, en esta ocasión pudimos hacer algo, pero puede que en no mucho tiempo su motor ya no tenga solución y así podría quedar en cualquier lugar, imaginese haberse quedado para siempre en un sitio como aquel, un lugar de persinados– ahora muchas más cosas comenzaban a tener sentido, aquel lugar al que había llegado era un sitio de tradiciones muy arraigadas, quizá por eso no habían buscado su progreso, además de aquellas celebraciones tan largas y la algarabía de las mismas, pero bueno ya estaba cerca de poderme ir, ya solo tendría que entregar el paquete y salir lo más pronto posible de allí, el problema era que al momento de dejar a don Naro la noche ya había caído por completo, así que no podría regresar ni mucho menos entregar mi encomienda, así que decidí dejarla para el día siguiente, igual sólo sería una noche y un día más.

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