Érase una vez. (Un cuento que bien puede pasar en la vida real) 4ta parte y final

Así que entonces dejando a don Genaro en su humilde morada, la noche nos había alcanzado, por lo que decidí determinadamente quedarme esa noche en el otro pueblo, no me arriesgaría a salir al camino y mucho menos después de las advertencias que me había hecho aquel hombre, temía que mi vehículo sufriera averías mayores durante la noche y quedar completamente varados en esos sitios tan desolados, así que entonces decidí recostarme en mi vehículo, quizá de esa forma podría dormir un poco mejor, además que la esperanza de haber recordado mi misión en aquel sitio me lleno de bastante energía, sabía que por fin podría terminar mi encomienda y podría irme de allí finalmente, así que me acomode plácidamente en el asiento reclinable de mi vehículo y decidí no pensar más por lo que restaba de la noche e intentar descansar, pero había algo que aún me tenía intranquilo ¿realmente sería tan sencillo dar con la casa a donde tenía que entregar el paquete? digo ya había recorrido varias veces la calle sobre la cual tenía que realizar la entrega y prácticamente todos los domicilios me parecían iguales, como saber a quién debía entregarle aquella pequeña cajita envuelta en papel de regalo, después de darle varias vueltas al asunto el cansancio hizo de las suyas y termino por vencerme arrojándome en un sueño profundo del que únicamente la brisa y el sol matutino lograron despertarme.

Decidido a terminar mi travesía encendí mi automóvil y empecé el camino de vuelta a aquel pueblito de personados, tal como los había llamado don Naro, el camino en coche era realmente corto, en aproximadamente 30 minutos llegue de un lugar a otro, una vez en el lugar baje del vehículo y me decidí a encontrar esa casa, la más humilde de la calle de nombre San Pedro, no quería equivocarme así que recorrí entonces primero de abajo hacia arriba y nuevamente de arriba a abajo la calle, dicha labor no me tomaba más de 20 minutos, buscaba y rebuscaba alguna pista que me dijera cual es la casa más humilde, pero todas se veían por completo iguales, de pronto una especie de iluminación llego a mi ser, cuando volví la mirada vi al final de la estrecha callejuela aquella una cerca y detrás de la cerca un pequeño sembradío de maíces, y detrás de esos maíces una casilla minúscula, apenas era un cuarto, el techo eran unos cartones, y tenía una puerta sin bisagras, únicamente detenida por unos alambrones, mirando el resto de la calle en la cual el resto de las casas estaba compuestas de adobe y techos de teja, aquella casa sobresalía por su elegante humildad, claramente definí que aquel era mi destino, por fin lo había conseguido, recordé que estaba haciendo en ese sitio y ahora estaba por concluirlo, así que camine decididamente hacia aquel lugar, suponía que deberían de estar en casa, como se los había dicho en ese lugar nadie salía de sus casas a menos que fuera completa y absolutamente necesario, llegue a ese sitio, abrí el enrejado para poder pasar a tocar a la puerta, aquel cancel de alambres crujía como un quejido infantil, de esos que no te dejan dormir, era como un leve sollozo infernal, pero ya no me importaba, estaba cerca de poder terminar con mi encomienda, me acerque a una distancia prudente de la puerta, igual el ruido de la reja ya había informado de mi presencia, llame un par de ocasiones a la puerta y de dentro solo escuché una leve voz que preguntaba por quién llamaba a la puerta, así que solo alcé la voz y mencione, traigo un paquete.

Escuché unos ruidos de dentro del lugar, era como si la persona que me había contestado se encontrará sentada en una silla y se estuviera levantando para dirigirse a abrir la puerta, esos pequeños instantes me llenaron de emoción, por fin terminaría aquel sueño que se había vuelto pesadilla, en mi mente solo tenía una idea en la mente, ver por última vez a alegría y poder despedirme de ella, para mi salud sería mucho mejor nunca volver a aquel sitio, aún incluso que aquella joven me hubiese robado el aliento desde el primer instante que la vi, pero eso sería lo mejor, irme para siempre y nunca encontrarme ni siquiera cerca de aquel lugar, todo esto pasaba por mi mente entre ese pequeño momento que la persona se dirigía a abrir la puerta, escuché que retiraron los alambres que sostenían la puerta, estaba a punto de terminar mi labor, por fin y después de tantos días, la puerta se deslizó suavemente y detrás de ella aparecía una figura parecida, una hermosa silueta se comenzaba a dibujar detrás de aquella puerta, me empezaba a suponer lo peor, la única joven que había en aquel lugar era Alegría, no quería voltear a su rostro, era como una inmensa maldición, después de un momento tome el valor suficiente y la mire, sin duda era ella, Alegría era la joven que vivía en ese lugar tan pobre, tan carente, una y millón de cosas me pasaron por la mente, recordaba al hombre que me había contactado para llevar el paquete a ese lugar, un joven de pinta formal y que se notaba que trabajaba demasiado, en mi mente comencé a tejer toda la historia, aquel joven también estaba enamorado de Alegria, la conocía incluso de mucho tiempo antes que yo, incluso quizá ya eran algo, pero no perdía la esperanza, decía que no era posible, que el estaba bastante lejos y que no podía ser de esa forma, después pensé que quizá era su hermano y que tuvo que dejar aquel sitio para poderles dar una mejor vida, mi cabeza iba más rápido que nunca, construyendo escenarios favorables y desfavorables a diestra y siniestra, entonces la joven una vez terminando de abrir la puerta me dijo lo siguiente.

–Ah es usted, el forastero que se desmayo el otro día en la plaza del templo ¿Me dice que tiene un paquete? ¿Cómo sabe que es para mí? ¿No me estará mintiendo para sacarme plática?– todas y cada una de sus preguntas fueron hallando su respuesta, entre balbuceos y movimientos intempestivos de manos, le entregué el paquete, le conté levemente la historia del hombre que me había contactado, y le dije que no acostumbraba a mentirle a nadie, una vez con aquella pequeña caja entre sus manos, comenzó a temblar, su nerviosismo era notorio, era claro que el paquete era para ella, a lo que solo me hizo un par de preguntas más acerca del joven que le había enviado el paquete, como era, si sabía su nombre, todas y cada una de sus dudas fueron resueltas, no conocía el nombre de aquel hombre, pero si más o menos su descripción, todo aquello la hacia saber con mayor seguridad que aquel pequeño envoltorio si era para ella, entonces comenzó a decir en una voz baja.

–Por fin lo logro, espero no demore demasiado en volver para podernos casar, y poder por fin salir de este lugar, lo amo, aún y a pesar de los problemas siempre estaré a su lado– aquellas palabras cayeron como un balde de agua fría en mi cabeza, lo sabía, solo no quería arruinarme antes de terminar la misión, aquella joven de la que me enamore amaba a alguien más, un hombre bueno que había salido para poder darle una mejor vida, y llevársela de aquel lugar tan apartado, aparentemente el joven amante de Alegría salió de aquel lugar en búsqueda de mejores oportunidades, todo cada vez cobraba mayor sentido, la población de aquel lugar era tan escasa en todo porque prácticamente estaban abandonados, y la única forma de cambiar su situación era salir de allí, por lo tanto, la gran mayoría se marchaba y dejaba todo atrás, mientras que los ancianos y niños que no podían irse tan fácilmente se quedaban atrapados en aquel lugar, ese sitio donde el tiempo avanzaba violentamente hacia delante, pero esto mismo provocaba que el progreso nunca llegará, había una especie de desincronización, entre su tiempo y el tiempo del resto de lugares, después de un inmenso shock por lo que sucedía, mi cuerpo comenzó a tomar fuerza de nuevo, y aparentemente mi alma comenzó a descansar un poco, después del frenesí en el cual me había puesto los últimos días, así que decidí encaminarme a la salida, de repente sentí una mano que me jalaba el hombro, era Alegría, la misma quería agradecerme el gesto de aquella entrega con un inmenso abrazo, me tomo con ambas manos por el cuello y me sujeto fuertemente, su cuerpo era tan cálido, era una hermosa joven sin duda, pero mi razón ya había comenzado a ejercer nuevamente dominio sobre mi, la locura abandonaba mi cuerpo, decidí únicamente grabar su historia y su nombre en mi mente como un hermoso recuerdo, pero decidí eliminar cualquier sentimiento que en mi hubiera provocado, en primer lugar por el respeto al hombre que ella amaba, y en segundo lugar no estaba dispuesto a hacerme daño con algo que era por completo imposible, al finalizar aquel abrazo escuché nuevamente su armoniosa voz agradeciendo y diciéndome lo siguiente.

–Desde la primera vez que lo ví supuse que usted traía buenas noticias, no es normal que haya extraños en este horroroso lugar, ni mucho menos que se queden por tanto tiempo, solo me gustaría saber una última cosa ¿Por qué no me entrego el paquete antes– aprendiendo de las lecciones anteriores sabía que no debía mentirles a aquellas personas ya que lo sabrían, entonces le dije que lo había olvidado por completo, desde el instante en que llegue a aquel lugar era como si me hubiera transformado en otra persona, que incluso llegó algún momento que no sabía ni que estaba haciendo, como les dije, era como si me hubiese vuelto loco, pero creo que a cualquier hombre le puede pasar, esos instantes o periodos largos de locura son necesarios, lo peor sería siempre hacer lo mismo una y otra vez hasta el final, yo tenía demasiado tiempo haciéndolo, y quizá eso fue lo que me llevo a esa situación, ella quedó bastante conforme con mi explicación, e incluso exclamó que ella sabía lo que eso era, eso termino por aliviarme y libero el último peso que quedaba encima de mis hombros, tome entonces el camino hacia afuera de aquella pequeña casa, continúe subiendo por la callejuela aquella, no sin antes voltear y despedirme por última vez de aquella joven, no sé si me alegraba por ella, o me alegraba por mi, porque por fin terminaría aquella travesía, creo que era un poco de ambos, así que continúe caminando hasta llegar a mi automóvil, abrí la puerta, aborde mi asiento, encendí el motor, coloque uno de mis discos favoritos y emprendí el camino, un camino hacia el presente, no sin antes escribir toda esta historia, recordando la pésima memoria que tengo, pero que gracias a ella viví estos fascinantes momentos, si me lo preguntan no me arrepiento en absoluto de nada de lo que me sucedió, así es como nacen las grandes historias, ninguna está escrita por adelantado, todas y cada una de ellas se tiene que vivir, para poder sacar de ellas toda la experiencia posible, así que entonces mi recomendación es, no se nieguen nunca a vivir una historia solo por el pánico, o por una falsa creencia de que será terrible, solo háganlo y quizá de aquello saquen los mejores aprendizajes que se puedan imaginar.

Fin

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