Oda a la ontología. La entelequia del ser.

¿Quien soy? Comencé siendo un hijo, teniendo un padre y una madre, después yo me convertí en un padre; comencé siendo único y después me transforme en un hermano, empecé solo y terminé siendo amigo de muchas personas, por eso me pregunto ¿Quien soy? ¿Soy hijo? ¿Soy padre? ¿Soy yo solo? O ¿Soy el compañero de todos mis amigos?

Sé que tengo un nombre, así me lo hicieron saber mis padres, pero ante mis hermanos soy otro, entre mis hermanos y yo no nos llamamos por nuestros nombres, tenemos un código que nos distingue, entre mis amigos de la misma forma, los sobrenombres son la alternativa perfecta para perder la seriedad que conlleva el llamarnos por nuestros nombres; y por eso me sigo preguntando ¿quien soy? ¿Soy el nombre que me pusieron mis padres? ¿El código que solo entendemos mis hermanos y yo? O ¿Soy el apodo que me asignaron mis amigos?

¿Quien soy?

La pregunta parece tener una respuesta obvia si no tomamos en cuenta todos los elementos que conlleva la misma, yo soy todo esos elementos a la vez, pero según la ontología en forma rígida el ser es único, por lo tanto, no puedo ser una mezcla de múltiples cosas, debo elegir solo una alternativa, pero ¿Cuál es esa alternativa posible? ¿Que es eso que permanece intacto y lo que me lleva a conservar ese ser?

Aquí es donde la pregunta comienza a complicarse, la ontología no ofrece una respuesta simple desde un punto de vista del sentido común, la respuesta toma tintes filosóficos, todo para evitar el campo minado de la metafísica, pero ni todo el esfuerzo filosófico ha permitido obviar la respuesta, de lo esencial en el ser, a que me refiero aquí con lo esencial del ser, me refiero a encontrar eso que da permanencia, eso que sostiene el concepto aún en el transcurrir del tiempo y del espacio.

Heráclito un filósofo griego presocrático logro dar con una respuesta, sonará por completo loco y chiflado, pero en sus épocas el resto de sus compañeros filósofos intentaron emparentar el ser con algo físico, algo material, desde el agua, el aire, e incluso el ápeiron (en términos coloquiales significaría lo indeterminado) quizá dentro de todos estos elementos sería el más parecido al propuesto por Heráclito, quien decidió resolver la problemática de la esencia del ser proponiendo al movimiento como esa parte esencial del mismo.

Una de las máximas de Heráclito fue: «Nadie puede bañarse dos veces en el mismo río» esto lo único que significaba es que ese río estaba regido por las leyes del movimiento, y nadie es capaz de detenerlo, por lo tanto es lo único permanente, lo único inmutable, incluso pensándolo de una forma radical nadie puede bañarse una sola vez en el mismo río, ya que sus aguas cambian e incluso nosotros mismos cambiamos apenas pasa un instante que nos introducimos en el río.

Por lo tanto podemos definir al movimiento como lo único permanente, por eso podemos llegar a pensar que somos un cúmulo de cosas al mismo tiempo, pero imaginandolo de una forma distinta, solo somos una cosa a la vez, esa misma cosa capaz de modificarse, de mutar, de transformarse, somos movimiento.

El definir al ser de una forma estática, inmutable, e inaccesible corresponde a una de las grandes problemáticas de la filosofía, puesto que las grandes conclusiones han terminado por proponer un ser esencialmente cambiante, pero ese cambio es lo único que estamos seguros no se modificara ni dejará de suceder, por lo tanto, se transforma en la propia esencia del ser.

Para concluir para responder a la pregunta ¿Quién soy? no tengo ninguna otra respuesta que decir, soy movimiento, no puedo terminar de definirme por mi existencia aún no se termina, en el momento que eso suceda, ya se podrá hablar de mi, no como lo que soy, sino como lo que fui, se me podrá definir, puesto que, ya no puedo modificarme, mi existencia ya está inerte, pero incluso mis deudos cada uno tendrá una visión de lo que fui, una prueba más de lo único sólidamente permanente es el cambio.

Puedo ser todo y no ser nada a la vez.

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