El mundo tiene una consideración binaria, siempre venimos en pares opuestos, esto para nadie es un mito, ni mucho menos una verdad oculta, los grandes opuestos que nos permiten elegir y nos envuelven en la libertad, una libertad de la que casi nadie duda en primera instancia, puesto que resiste a los argumentos más fuertes del sentido común, tienes opciones y tienes la oportunidad de decidir entre ellas, pero lo que nadie nos advierte es que esas nociones terminan por ejercer en nosotros un efecto coercitivo sin que nosotros lo advirtamos siquiera.
Alguna vez recuerdo que una clase un maestro nos cuestionó ¿Ustedes jóvenes se sienten libres? A lo que todos con vehemencia asentimos con la cabeza, parecía que nuestros estudios nos permitían asegurar dicha afirmación sin mayor empacho, en realidad nos sentíamos libres, pero la contrarespuesta del profesor fue para nosotros como escuchar un martillo rompiendo un inmenso cristal, nuestras mentes no estaban preparadas a escuchar las afirmaciones que vendrían a posteriori del anuncio del maestro, un anuncio que modificaría nuestros pensamientos a partir de ese momento.
El profesor nos contó que el como nosotros en algún momento de su vida, especialmente en su juventud se sintió libre, pero después se dió cuenta de la irremediable falsedad que había profesado, de repente, ante el se habían aparecido una cantidad inmensa de cadenas y grilletes que el mismo se había echado encima, esto le hizo darse cuenta que ese sentimiento de libertad no era más que un engaño perfectamente diseñado por una mente maestra, ingeniosa, capaz de ocultar su mentira con una apariencia de verdad, un lobo en una piel de oveja.
El maestro nos llevó magistralmente a través de su visión, pregunto si alguno de nosotros conocía algo de programación, a lo que prácticamente ninguno teníamos idea del tema, así que busco algo con lo que estuviéramos más familiarizados, el sabía que ya todos habíamos tomado nuestros respectivos cursos de lógica proposicional y lógica modal, cursos vitales en filosofía, además que algunos otros ya habíamos llevado además filosofía de la lógica. Nos dijo si esos cursitos de 0 1, de verdad y falsedad, así es como se estructura la realidad.

Una realidad compuesta por la guerra entre los contrarios: frío-calor, bien-mal, correcto-incorrecto, etc., Si tomas un lado del discurso tu único interés será demostrar que el otro está equivocado, así se maneja el mundo del sentido común, plagado de pares conceptuales, que, una vez que tomamos partido por alguna de las dos caras se nos abren nuevas posibilidades, con las que tenemos que estar de acuerdo con alguna, para nuevamente abrir la puerta y encontrar nuevamente un par de posibilidades.
La razón tiene dos grandes conceptos preconcebidos, el si y el no, al igual en los grandes sistemas binarios de programación, funcionamos dando respuestas concretas a cuestionamientos abstractos ¿Cree en Dios? ¿Somos libres? ¿Existe vida después de la muerte? Para responder a estas preguntas comúnmente lo hacemos afirmando o negando, para después poder pasar a la fundamentación de nuestra respuesta. Así pues, la fundamentación de nuestra respuesta no es con respecto de la pregunta, sino con respecto a la respuesta que ya hemos proferido, si creo por estos motivos, o no creo por estos otros, por lo tanto ¿en realidad podemos proferir ser libres si únicamente tenemos dos caminos y forzosamente tenemos que elegir uno?

Muchos dirán que la respuesta es simple, demostrar la rebeldía y suspender el juicio, el problema es que, al agnóstico se le juzga igual o peor aún que aquel que toma un camino, se le llama timorato, cobarde, e incluso se le considera un apático que no apoya a ninguna de las dos fracciones, entonces si suspender el juicio tampoco ofrece una respuesta satisfactoria ¿Cuál es entonces la mejor respuesta?
La respuesta que me ha ofrecido mejores dividendos es la de mantener el diálogo entre las fracciones opuestas, es mi forma de agradecerle a Hegel su disposición filosófica, proponiendo en su teoría del conocimiento la síntesis entre la tesis y la antítesis, esto es, no tomar parte de ninguna de las fracciones, ni tampoco suspender el juicio, es tomar a las partes involucradas y llevarlas al acuerdo, en ese diálogo reposa la sustancia de la libertad, ese movimiento pendular de un lado a otro es lo que representa a la libertad humana, no la coerción de elegir un bando, ni la absurda suspensión del juicio por el temor a enfrentar los argumentos de las fracciones discordantes.

Para rematar el comentario el profesor tuvo a bien comentar los siguiente, como en la propia naturaleza, la unión de los contrarios sintetiza en otra cosa por completo distinta, la unión del frío y del calor hacen un clima templado, la unión entre femenino y masculino procrean un nuevo ser, solo el hombre es el que supone que la ley está regida por la naturaleza y no es capaz de expresar su libertad, cuando en realidad somos nosotros mismos quienes en nuestro propio afán de describir a la perfección los fenómenos, los atamos a las categorias, y con esta atadura les negamos su libre tránsito de un sitio a otro, su diálogo natural.
Así pues en todos nosotros nació una fatua necesidad de ampliar nuestro horizonte discursivo en el apartado dialógico para así probar un poco de esa esencia libre, no atada al dilema de la decisión, o a la temerosa opción agnóstico, las opciones del sistema binario del sentido común se aperturaron a un sistema trienario e incluso cuaternario, no justificabamos por que creemos o no en la existencia de la vida después de la muerte, sino que, preguntábamos ¿Que finalidad tendría la vida después de la muerte?