Ayer su voz se escuchó en lo más alto del firmamento, hoy su ausencia se presencia hasta en el último rincón, ayer su grito alcanzó incluso los oídos más sordos, hoy su desaparición nos demuestra su importancia.
El 8 de marzo con motivo de la celebración del día internacional de la mujer en México se llevó a cabo una marcha que resulto completamente histórica, cientos de miles de almas femeninas se reunieron para exigir algo que por derecho les pertenece, y ¿Qué es eso que les pertenece? su libertad, hay que dejar en claro y explicar bien uno de los principales motivos de este movimiento, a pesar de todo lo que nos diferencia como individuos en este planeta, hay algo en lo que todos tenemos el anhelo de ser iguales, y eso es en la libertad ¿A qué me refiero con esto? pues nada menos a que todos podamos hacer lo que nos parezca mejor para nosotros, si queremos salir que podamos hacerlo sin miedo, si queremos estar con alguien, o no queremos estar con alguien, que eso sea comprendido y no juzgado, además de ser libres de una violencia que nos oprime por el simple hecho de pertenecer a un sistema, mismo que, nos define según nuestros rasgos y características, sé perfectamente que ni todo el mundo está de acuerdo con lo sucedido ayer, muchos incluso están terriblemente ofendidos, eso sin duda es comprensible ¿Por qué? porque son libres de pensar en que lo que se hizo está mal, el problema verdadero es no querer darse cuenta de lo que realmente está sucediendo, y de buscar minimizar cualquier esfuerzo en pro de la libertad, muchos utilizarán como defensa el argumento siguiente: «La violencia no resuelve nada, solo genera más violencia», así pareciera resultar, el detalle es el siguiente, gran parte de las personas que ayer se congregaron para exigir sus derechos han sido víctimas de violencia, entonces siguiendo la línea del argumento anterior si a ella ya les tocó la violencia entonces es claro que sí reclamo tendrá la misma forma.
El análisis entonces resulta sencillo, la violencia si genera violencia, por lo cual, entre mayor violencia estemos viviendo, mayor será el nivel de violencia en las protestas por la libertad, como hemos entendido la justicia a lo largo de la historia de la humanidad es como un sistema distributivo equitativo, por lo tanto, entonces incluso la protesta no hizo la justicia suficiente, siempre faltará hacer más justicia, por estos motivos me parece bastante inocente pensar en el argumento de «Esas no son las formas», esto no se trata de formas, se trata de hacer visible una problemática que muchos tratan de invisibilizar, de la que nadie se responsabiliza y todo el mundo culpa a alguien más.
Hoy 9 de marzo del 2020 pesa una ausencia fuerte, la de ellas, las compañeras, las amigas, las mujeres, la otra parte no está, se ausento, ellas están teniendo el valor de alzarse, de luchar por algo que ha todos nos ha sido arrebatado, y ese algo difícilmente volverá si no tomamos las riendas de nuestro futuro, su vivimos atados en un pasado, está lucha no se ganará de un solo bando, esto no es una guerra de sexos, esto es un avance hacia un sistema diferente, lo que se debe de buscar no es eliminar al otro, sino eliminar las malas prácticas dentro del sistema que nos ata a todos, que nos destruye poco a poco, que nos hace ver en el otro en vez de un compañero a un enemigo, que nos hace juzgar sin antes analizar, este problema se vive de ambos lados, unos intentando minimizar lo que sucede, y por otro lado intentando justificar un ataque directo contra aquellos que buscan invisibilizar el problema, esas no son las intenciones, lo verdaderamente importante es luchar codo a codo, cada quien con lo que pueda aportar.
Si no eres un violador, o un acosador, o un asesino, no te deberían de molestar los comentarios acerca de ellos, pero si tú sabes de alguien que lo es, tu deber estará en denunciarle, no en ser cómplice por miedo, o en justificar la acción del otro pensando en que ellas se lo han buscado, nadie busca en este mundo que le hagan daño, y pensar de esa forma es bastante bajo, como lo dije, lo que todo el mundo buscamos es poder ser libres en la medida de lo posible, por lo tanto resulta un deber necesario el apoyar al prójimo, sea quien sea, mujer, hombre, niño, adulto mayor, joven, sin importar absolutamente nada, solo que es otro ser humano y es igual de valioso que tú, puesto que, si tú estuvieras en esa situación, creo sin temor a equivocarme que te gustaría sentir el apoyo de alguien más en esas situaciones.
El día de hoy realmente la ausencia se hace presente, y pensar que solo resulta una ausencia simbólica, imaginen esto cada día, durante el resto de tu vida, perder una madre, una hermana, una esposa, una amiga, una compañera, saber que ya nunca volverá más, pensar en que su ausencia no es simbólica, sino real, ¿Por qué? porque alguien decidió que su persona no tenía el mismo valor, porque alguien se enfureció y enloqueció y fue capaz de terminar con su vida, si volvemos nuevamente al argumento de la justicia, la única forma de hacerle justicia es que alguien terminará con la vida de su asesino, pero es la propia razón la que nos impide llegar a ese nivel de revanchismo, por lo tanto, solo podemos exigir una justicia simbólica, arrancándole la libertad al responsable, que viva su vida detrás de las rejas, y que de esta forma ya no pueda dañar a absolutamente nadie más.
Por lo tanto hoy lo que resuena en el silencio, como un eco que quedará para la historia son los gritos de «Justicia y libertad», justicia para todos las mujeres que ya no están, y libertad para las que quedan en pie, para que puedan seguir siendo mujeres sin miedo, para que puedan vivir una vida plena y completa en compañía de quienes ella decidan, para poder hacer lo que ella decidan hacer, y hoy como hombres deberemos aprender la lección y cual lección es esa: «Ya basta de ser machos» ¿A qué me refiero con esto? a que debemos actuar primordialmente bajo el orden de la razón, y abandonar el orden de la bestialidad, ese orden inconsciente otorgado por naturaleza a todos y cada uno de los seres vivientes de este planeta, mismo que hace ya bastantes años quedó supeditado al dominio de la razón, y aunque en ocasiones resulta difícil controlar dicho orden, debemos pugnar por hacerlo siempre, ya que en última instancia eso sí es una responsabilidad individual y no un efecto social.
Concluyendo esta reflexión solo me queda agradecer a las mujeres más importantes en mi vida, mi esposa, mi madre y mis hermanas, y también un reconocimiento a todas las mujeres en general, porque con su coraje y su valentía nos enseñan que realmente el mundo puede cambiar, lo importante es no dejarlo de intentar.
